La pantalla de televisión mostraba los vanos intentos del "lector de cables noticiosos", quien (sin entender nada sobre el mercado) intentaba vanamente convencer a los televidentes de que la nueva caída del mercado obedecía a que la producción industrial experimentaba la primera caída en ocho meses. Si bien la imagen resultaba patética, especialmente porque surgía de uno de los canales financieros más prestigiosos, apenas era una entre las tantas que intentaban "sacar de la galera" algo con qué explicar lo que a veces no tiene una explicación. Para los "halcones de la guerra", la caída fue la ratificación de la baja credibilidad que tiene el compromiso iraquí de aceptar los enviados de la ONU sin ningún tipo de condicionamientos. Para los que siguen el mercado más de cerca, la culpa la tuvo la hamburguesa envenenada o, dicho más claramente, el anuncio de McDonald's de que los norteamericanos han disminuido su consumo de hamburguesas y comida chatarra. No faltaron a este "circo" de analistas los que simplemente afirmaron insólitamente que el mercado caía porque "no subía". La verdad es que ninguna de las causas más escuchadas, ni siquiera todas ellas juntas, fue lo suficientemente significativa para explicar por qué (es por esto que no nos molestamos en derribarlas una a una), luego de arrancar con una suba de 1,22%, el promedio industrial terminó perdiendo 2,06% en 8.207,55 puntos, ni por qué la pérdida se aceleró en la última hora de operaciones, cuando no surgió ninguna nueva relevante. Con apenas 1.400 millones de papeles operados en promedio entre los dos principales mercados, es claro que nada cambió y lo que prima es la desconfianza de los inversores. Dejemos que los papeles digan lo que quieran, ya que los inversores saben bien por qué actúan como lo hacen.
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