No sirve como regla general, pero, para contener la estampida de precios en ciertos rubros, el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, contará con el respaldo de los gremios que se convertirán en las «milicias populares» modelo 2007 para presionar a los empresarios y evitar incrementos.
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Hay un caso testigo. A menos de 24 horas de recibir la demanda de los empresarios panaderos, que le pidieron una moratoria previsional y una línea de crédito especial para mantener en $ 2,5 el kilo del pan, Moreno se reunió ayer con el jefe del gremio, Abel Frutos.
La operación fue veloz: el lunes, Moreno aceptó evaluar la solicitud de los panaderos mientras ayer el funcionario se comprometió ante Frutos a no disponer ninguna medida de beneficio al sector empresario sin antes combinar acciones con los afiliados al sindicato.
«Cualquier acuerdo que se haga va a ser consensuado con ustedes», fijó ayer Moreno como regla de negociación.
Contexto sensible
Todo ocurre en un contexto especialmente sensible porque el gremio que conduce Frutos, un leal a Hugo Moyano en la CGT, amenaza con un paro general en panaderías y panificadoras en demanda de un aumento salarial. El sector es uno de los que cobra salarios más bajos de la economía, según el sindicato.
El lunes, Rubén Salvio, presidente de la Federación Argentina de Industrias del Pan, le había extendido a Moreno un informe donde le planteaba que el área se encuentra en un momento crítico y que, en esas condiciones, le resultaba difícil mantener el pan a $ 2,5 el kilo.
Ayer, Frutos dinamitó ese argumento: le dijo a Moreno que «pueden mantener ese precio» porque «sus principales ingresos provienen de otros productos». Además, según dijo el gremialista, la actividad es una de las que mayores niveles de evasión registra.
Fue música para los oídos del funcionario, que en los últimos meses vio flaquear su método de control de precios cuando las mayores subas se registraron, según el INDEC, en los rubros que, en teoría, estaban enmarcados dentro de los acuerdos.
El pan es, se sabe, un producto de alto consumo popular y cualquier variación afectaría de lleno en la medición de la inflación, sobre todo en la canasta de alimentos.
Sin más alternativa que tener que recurrir a los subsidios selectivos, tal como sugerían los empresarios, Moreno se encontró, entonces, con la posibilidad de usar a los gremios como milicias que controlen los precios y presionen en caso de estam-pida.
Es el modelo Moyano, quien, sin embargo, lo hacía para obtener beneficios para su gremio: así logró aumentos, evitar despidos y, sobre todo, que casi la totalidad de los trabajadores del sector -al menos los afiliados a Camioneroshayan sido «blanqueados».
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