Se vino cumpliendo ese cronograma, impuesto por las insólitas circunstancias de un país que tiene los fondos de sus ciudadanos bajo confiscación, que apuntaba a la fecha de hoy como la clave para haber optado por tomar activos cotizantes -con fondos de saldos favorables en el Banco de Valores, de firmas de agentes- o quedar atrapado en un plazo fijo, con reprogramación.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Toda una madeja, propia de las dificultades financieras en que estamos inmersos, pero que posibilitó el cuasi «milagro» de ver la Bolsa funcionar.
Faltando el combustible principal para ella (se carece tanto de la necesaria liquidez como de crédito fluido, y con tasas de interés en suspenso). En medio de tal sequía, la plaza local se reacomodó muy fuerte, aunque -esta columna lo mencionó a tiempo- había una suerte de plazo perentorio para cuando se cortara el fluido.
• La presión
Una jornada con apenas 8 millones de dólares de efectivo, $ 16 millones generaron casi 7% de rebaje y por imperio de una seria crisis de demanda, antes que demasiada venta. Había que hallar al tomador fresco, con dinero suelto, y esto es hoy especie rara.
La caída origina así mervales de poco más de «200» puntos, dolarizados, lo que deja toda esa fuerte mejora encomillada, comentada por afuera del sistema, en algo solamente virtual.
Estos índices y volumen eran los habituales de la plaza de Buenos Aires en la crisis.
Dejá tu comentario