17 de mayo 2004 - 00:00

Sugestivas ausencias en un aniversario del campo

El gobierno volvió a darle la espalda al sector agroindustrial que durante la noche del sábado festejó los 150 años de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires. Pese a que aporta casi 60% de las exportaciones totales del país y contribuye con u$s 2.000 millones por el pago de retenciones que pasan al gasto social, el hecho no pudo más que incrementar la preocupación de un sector que se sabe uno de los motores de la economía del país por estos días.

Pero ni Néstor Kirchner respondió a la invitación del presidente de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, José María Gogna, ni ningún ministro del Poder Ejecutivo acudió a una reunión que concentró a alrededor de 1.500 personas, la mayoría vinculada a la producción y al comercio del campo y sus industrias.

Entonces, resultó el secretario de Agricultura, Miguel Campos, el asistente de mayor rango en una reunión de la que también participó el secretario de Relaciones Internacionales, Martín Redrado, dos funcionarios que, con matices en la acción, son eslabones naturales en la relación con el sector.

Que la Bolsa de Cereales de Buenos Aires haya cumplido 150 años era un hecho único para el sector y resultaba una buena excusa para que el gobierno hiciera un gesto hacia la entidad que agrupa a toda la cadena agroalimentaria. Toda la actividad del campo pasa por esta entidad (algunos como operadores directos, otros como socios -empresas y empresarios-), y nadie hubiese sentido una preferencia o una discriminación. Pero nada pasó.

• Compromiso

Acorde con la actitud de un sector que ya está lamentablemente acostumbrado a la indiferencia de las políticas públicas, el presidente de la Bolsa, José Gogna, avanzó sobre el compromiso del sector de que se llegará a «una cosecha de 100 millones de toneladas», aunque aclaró que esto se cumplirá «siempre que se abra el comercio internacional y mejore el esquema impositivo en nuestro país». En tanto, el titular de Agricultura, Miguel Campos (con poca incidencia ante su jefe, Roberto Lavagna, y enfrentado con la línea kirchnerista de la Secretaría de Agricultura, encabezada por Javier de Urquiza, ausente también), cumplió con la formalidad de reproducir conceptos que no despiertan oposición: «El futuro de nuestra sociedad depende del desarrollo de los sectores productivos, como el agroindustrial», dijo.

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