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1 de agosto 2008 - 00:00

Trae Lula u$s 600 millones

Aunque para financiar sus propias empresas

Llegará Lula da Silva el domingo al país en una visita esperada por el gobierno. Traerá u$s 600 millones en créditos, una especie en extinción por la complicada situación que atraviesa la economía doméstica. Nada es gratis y menos en las relaciones internacionales: ese financiamiento es del BNDES (su banco de desarrollo), pero sólo para efectuarles compras a empresas brasileñas. Es el mismo mecanismo que utilizan países europeos, pero que se esfumó tras el default y el fracaso de las negociaciones con el Club de París (aun así, sobrevivió el proyecto del tren bala, de la mano de entidades francesas). Fue Cristina de Kirchner quien pidió ayuda a Lula, justo un día antes de que el Senado rechazara el proyecto de las retenciones móviles, y lo exhortó a que no faltara a la reunión del lunes. Logró el brasileño, en medio de las vacaciones de invierno, la presencia de unos 230 empresarios de su país, interesados en lo que ha sido una constante en los últimos años: la compra de empresas argentinas. El lunes a la noche llega Hugo Chávez y se sumará a una minicumbre con Cristina y Lula.

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El domingo a la noche llegará el presidente Luiz Inácio Lula da Silva e intentará acercar las posiciones con el gobierno tras las diferencias por la OMC.
La delegación empresarial brasileña que acompañará al presidente Luiz Inaácio Lula da Silva el lunes será la más importante que pise el país en los últimos 10 años. La visita de Lula, de apenas 24 horas, si bien breve, tiene todas las pretensiones de dejar una marca indeleble en los registros de la relación bilateral y es una señal contundente de que Brasil está dispuesto a auxiliar a la Argentina desde lo político y lo empresarialeconómico.

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En lo político, al menos, la intención de Lula no es otra que demostrarle a Cristina de Kirchner y su enclenque gobierno que tiene a Brasil a su lado. Es una jugada fuerte y ése fue el mensaje que sustentó la convocatoria masiva a empresarios brasileños que el mandatario hizo el viernes 18 de julio. Ese día, horas después del voto «no positivo» del vicepresidente Julio Cobos en el Senado, el ahora salido Alberto Fernández habría telefoneado a Lula para que disuadiese a Cristina de sus fatídicas intenciones de renunciar a la presidencia. Aunque Lula no logró hablar con su par argentina, ordenó instrumentar un descomunal operativo para que al menos 400 empresarios lo acompañasen en su visita de este lunes.

Las dos cámaras brasileñas del sector, FIESP (Federación de Industrias del Estado de San Pablo) y CNI (Confederación Nacional de Industria), a pesar de lo exagerado del número propuesto por Lula para un viaje en período de vacaciones de invierno brasileñas, reforzaron la leva entre los industriales y reenviaron invitaciones por e-mail a 15.000 de ellos. Un representante de la FIESP ya había estado tanteando el terreno en Buenos Aires a principios de julio, y desde la UIA, pero sobre todo desde el gobierno K, le habían hecho saber que la Argentina estaba huérfana de financiamiento y «necesitada de inversión en rubros como autopartes, software, metalúrgica, electrónica y agroindustria».

  • Apoyo

  • La movida de Lula tiene el apoyo de un sector de la Cancillería brasileña, que cree que el papel del Brasil con los países de América del Sur es rescatarlos, en lo posible, de sus dificultades económicas y sociales. En una entrevista al diario «Valor económico», Samuel Pinheiro Guimaraes, secretario general de Relaciones Exteriores -que está más en la línea política «progre» del asesor presidencial Marco Aurelio García que en la de su jefe, el canciller Celso Amorimdijo que Brasil debía instrumentar un Plan Marshall para ayudar a los países complicados. Y, entre ellos, la Argentina. En esa línea, la llegada este lunes del nutrido contingente de empresarios brasileños sería el primer paso y se parecería al desembarco de las tropas norteamericanas en las playas de Normandía.

    En cambio, el sector más tradicional de Itamaraty y varios importantes empresarios brasileños que ya tienen inversiones en la Argentina se encargaron de prevenir al gobierno de Lula y al empresariado de su país sobre las verdaderas penurias por las que debe transitar un inversor extranjero en la Argentina. Ejemplificaron con las vicisitudes de las empresas españolas y alertaron sobre la escasa afición del actual gobierno a cumplir promesas y a mantener las reglas de juego.

    No obstante, no son pocos los brasileños que este lunes asistirán al Encuentro Empresarial Brasil-Argentina ilusionados con comprarse, a precio de remate, todas las empresas que restan por vender. Es, más o menos, el mensaje que, según se dice en círculos empresariales argentinos, se transmite desde el Ministerio de Planificación, que a último momento se sumó a la organización del cónclave empresarial, al que asistirán 600 argentinos, entre industriales e invitados. El encuentro venía siendo prolijamente organizado por la Cancillería argentina (Subsecretaría de Comercio Internacional), la UIA y el Ministerio de Economía, hasta la llegada de De Vido y su gente.

    Más allá del encuentro empresarial que inaugurarán por la mañana del lunes los presidentes Lula y Cristina de Kirchner en el hotel Sheraton y que luego seguirá por la tarde en el Palacio San Martín, el despliegue de fuerzas del mandatario brasileño -viaja con cuatro ministros, por ahora- provocó, lo mismo que en De Vido, la reacción tardía de Hugo Chávez, quien anunció se va a apersonar el lunes en Buenos Aires (ver aparte). El venezolano sabe que no puede «entregar» ahora a la maltrecha Presidente argentina. Sobre todo después de que Brasil, hace 10 días en Leticia (Colombia), diera un giro copernicano en su política exterior al alinearse política y militarmente, junto con Perú y Colombia, en contra del narcotráfico y las FARC. Una señal explícita de alineamiento con EE.UU. y un misil en la línea de flotación del bolivarianismo chavista para Sudamérica. Por eso Chávez, rápido de reflejos, viene a monitorear el idilio político de Lula y Cristina. No es de prever que sea un «menage a trois».

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