UIA: De Mendiguren vuelve y pide licencia
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La renovación votada ayer comprende un tercio de los cargos de la Junta, pero el peso específico tanto de las empresas que se suman como de los representantes que designaron (sus presidentes o CEO's) es una señal de que la UIA podría recuperar un rol como representante del sector, bastante desleído en los últimos años.
• Posicionamiento
Desde ya, la inclusión de ejecutivos como Ratazzi (que reemplaza a Vincenzo Bare-llo, que se jubiló al frente de Fiat Argentina y regresó a Italia), Ureta Sáenz Peña, González Fraga,Vignart y Altuna parece casi una toma de posición frente a la iniciativa que encabeza Oscar Vicente (Pérez Companc) para unir el Consejo Empresario Argentino (CEA) y la Fundación Invertir.
La nueva entidad aspira a convertirse en un polo de poder, porque -según se dice entre los empresarios que la integran-«el sector privado y sus intereses no tienen representación genuina». Y enfatizan que «de ningún modo aspiramos a poner gente nuestra en el gobierno», en una clara toma de distancia de lo hecho por la UIA. También aseguran que «no hay una fusión formal de Invertir y el CEA; aún cuando actuemos juntas y se conforme la AEA (Asociación de Empresarios de la Argentina) ambas entidades seguirán funcionando de manera independiente, al menos por un tiempo».
Además de Vicente, en la génesis de AEA participaron activamente Aldo Roggio (Grupo Roggio) y Carlos Miguens (Quilmes), además de Manuel Sacerdote (BankBoston). Luego se sumaron -entre otros-Luis Pagani (Arcor), Paolo Rocca (Techint), el mencionado Vignart, Francisco Macri (SOCMA), Arturo Acevedo (Acíndar), Sebastián Bagó (Laboratorios Bagó), Alfredo Coto, Santiago Soldati (SCP), los Madanes (Aluar), Enrique Menotti Pescarmona (IMPSA) y Gerardo Cartellone.
Lo llamativo es que en ambos grupos participa activamente el grupo Techint; de hecho, se dice que los hilos de la UIA se mueven desde el despacho de Einaudi. También Dow Chemical parece apoyar a los dos agrupamientos empresariales, porque su CEO integra ambos.
A simple vista, AEA le lleva a la UIA la ventaja de que sus integrantes son -en su gran mayoría-los dueños de las empresas que representan, y son los grupos más grandes del país. En cambio en la UIA las grandes empresas que forman parte (en especial las automotrices) tienen como delegados a sus principales ejecutivos, no a sus accionistas. Los «dueños» en la UIA, salvo excepciones, representa a empresas más chicas que las nucleadas en AEA.
«Gente como Vicente, Macri o Pagani ni se sientan a hablar con ejecutivos, aunque sean presidentes de la filial local de un gigante inter-nacional: no los consideran pares, sino iguales a gente que tienen como empleados en sus propias organizaciones», afirmó con dureza un allegado a la AEA.
• Conflictos
Por su parte la UIA es una entidad «histórica», que funciona desde el siglo XIX. Pero justamente esa historia está jalonada de conflictos, choques sectoriales y -en esta última etapa-el paso de De Mendiguren por el gobierno; todo esto conforma un pasivo que ahora la entidad trata de revertir con esta nueva Junta. La AEA, en cambio, todavía está en una etapa fundacional. «Estamos elaborando nuestras bases; no hablaría de un programa sino simplemente de bases, cursos de acción», dijo uno de los integrantes del grupo a este diario.
Pero en la UIA no pierden las esperanzas de que en el futuro haya alguna posibilidad de confluencia con los otros empresarios. «Después de superada la crisis, cuando alcancemos algún tipo de estabilidad, habrá mucho menos nivel de conflicto entre los industriales, por un hecho fundamental: el tipo de cambio seguirá muy alto; esto hará que los bienes transables sean mucho más competitivos que en la década pasada, y la conflictividad entre sectores se reducirá».




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