No se sabe muy bien, en estos tiempos modernos, qué debe considerarse como bueno, o como malo, en lo que hace a resultantes. Si el riesgo tiene la misma incidencia que antes, o si la gente se ha hecho más codiciosa y menos conservadora.
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En verdad, esto es lo que pudo haber sucedido en la década anterior, donde los mercados de riesgo «burbujearon» de lo lindo, hasta que llegó el punto de pagar la borrachera, evaporados los peces de colores, y de secuela -en los mercados bursátiles- es posible que se inviertan los tantos: que se privilegie mucho más la solidez, que la utilidad, los ratios básicos, antes que el mentado «precio/utilidad» y se extiendan los plazos para pasar a ser ricos y famosos, de la nada...
Viendo los Mervales, la línea clásica concluyó el viernes con un agosto que reportó 4,5 por ciento de aumento, ponderado. Aunque en la composición mensual, y mucho más en la anual, convivan los más extraños resultados (en cuanto a las subas y bajas marcadas), pero con principio selectivo que torna a saludable para las carteras. Y para que los que inviertan no pierdan nunca de vista que: lo de calidad siempre es capaz de rendir, o de volver y devolver lo perdido. Lo malo seguirá el camino a la nada.
Ese total, si se coincide en salvar más la solidez y la resistencia, deberíamos conceptuarlo de «bueno»: porque el dólar se mantuvo en su casilla, y hasta bajó, mientras caía el mercado del Dow Jones -0,9%-, siendo superado ahí nomás por un Bovespa también con convulsiones (+6,7%). Para la última rueda, nuestro pronóstico fue: «pato o gallareta». Cualquiera.
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