13 de diciembre 2007 - 00:00

Una número uno que no compite con el marido

Anne Sinclair es una periodista estrella de la televisión francesa. Pero cada vez que su esposo -ahora titular del FMI- ocupó un puesto político de relevancia, ella renunció a su trabajo.
Anne Sinclair es una periodista estrella de la televisión francesa. Pero cada vez que su esposo -ahora titular del FMI- ocupó un puesto político de relevancia, ella renunció a su trabajo.
En su reciente visita a la Argentina como titular del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn vino acompañado por su esposa, Anne Sinclair. Este nombre no les dice nada a los argentinos. Pero, en 1997, cuando este economista francés ingresaba a la función pública en su país, su esposa era muchísimo más conocida que él; lo mismo que Cristina respecto de Néstor Kirchner, como a la propia Presidente le gusta recordar («Yo ya actuaba a nivel nacional cuando él todavía era gobernador»).

En aquella época, Sinclair era una número uno, verdadera periodista estrella, una de las caras más conocidas de la televisión francesa. Bella, inteligente y culta, conducía «7sur7», la emisión política semanal de mayor audiencia en Francia.

Sin embargo, no dudó en suspender su brillante carrera y renunció en el mismo momento en que su marido fue designado ministro de Economía, Industria y Finanzas, para que nadie pudiera dudar de su imparcialidad como periodista.

  • Contraste

  • Cuando Strauss-Kahn dejó el cargo, Sinclair volvió a la televisión. Pero el 30 de setiembre pasado renunció nuevamente, esta vez motivada por la designación de su marido como director gerente del Fondo.

    Tamaña quisquillosidad contrasta con el desenfado con el cual entre nosotros la cónyuge de un conocido conductor televisivo (en dúo) integró el staff de colaboradores de una ex primera dama en el Senado, por caso. Y esta legisladora -hoy presidente- tampoco consideró necesario excusarse de presidir el juicio político a miembros de la Corte Suprema de Justicia cuya cabeza había sido pedida por su marido.

    Alguien osó preguntarle alguna vez a Cristina si no había considerado que debía renunciar al Senado por ser su esposo presidente. «¡Que renuncie en todo caso él!», fue la airada respuesta. «Yo fui senadora antes que él presidente». Se mencionan hechos, no se juzga.

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