La intervención de su economía la reclamó Felipe Solá con la renuncia de Gerardo Otero, uno de los portazos más ruidosos del último tiempo. Con el desembarco de Mosse-Fernández, el gobernador logra, además, los dineros que se venían negando desde la Nación para pagar el aumento, para los que -dice Otero- no alcanza con la caja provincial. «El dinero no va a faltar», le diría Néstor Kirchner a Solá la noche del lunes, luego de que el gobernador buscase un lugar en la foto de esta crisis que en el juego chico lo exhibe como ganador.
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Consigue la plata, pone el sucesor de Otero; le falta ahora el cariño, ese otro ingrediente de la política.
Intentó recibir en la noche del lunes alguna caricia-gesto de la Nación; viajó en helicóptero hasta la Casa Rosada, pero le dijeron que Alberto Fernández no estaba; tampoco Kirchner. Sí consiguió en una catarata de llamados telefónicos la venia nacional para ofrecerle el cargo a Fernández. Regresó a La Plata y atornilló la decisión en charlas, también telefónicas, con Kirchner, el jefe de Gabinete y Felisa Miceli. Logró de la ministra otro triunfo: que diga que la Nación aportará todos los fondos que la provincia necesite. Con esta crisis, todos los gremios estatales de la provincia afilan el lápiz para beneficiarse del efecto Solá: recibiraumentos por presión política, pero sin los recursos para pagarlos.
Un estilista de la mufa -cuando le conviene-, Solá extiende los efectos de esta victoria sobre el gobierno nacional. Ordenó a su gente que no asistiese ese lunes al acto pro Scioli en el consejo del PJ al que fue todo el peronismo, incluyendo a su vicegobernadora, antes una musa del duhaldismo, hoy ya en la lista de candidatos seguros a diputados nacionales (junto con los reelegibles José María Díaz Bancalari, Graciela Camaño y Jorge Landau). Le molestó la foto de entronización de Carlos Kunkel como virtual candidato a vicegobernador, herida que sangró en la persona de su vicejefe de Gabinete, Emilio Pérsico, cuando respaldó junto a Solá los argumentos de Otero al dar el portazo. Desairó horas más tarde -el miércoles- a Scioli llegando media hora tarde a un acto en Viedma-Carmen de Patagones y usando la tribuna para una despedida personal («Seguramente es la última vez que vengo acá como gobernador», se lamentó), cuando se trataba de una presentación del candidato. Se peleó ese mismo día -según algunos hasta con amenaza de golpes- con el diputado Carlos «Cuto» Moreno en el té de presentación de Scioli que había organizado Alberto Balestrini ante el bloque de diputados kirchneristas.
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