"Uruguay debe reorientarse hacia las exportaciones"
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Periodista: ¿Es cierta la versión que vincula su retorno a Chile a que usted habría quedado fuera del círculo de hierro de Anne Krueger, la primera subdirectora del FMI?
Eduardo Aninat: Lo desmiento terminantemente. Hace ocho días almorzamos juntos y comentamos esos rumores, sorprendidos de su falsedad.
P.: Pero lo marginaron de todas las políticas elaboradas para la Argentina...
E.A.: La persona a cargo es mi colega Anne Krueger. Pero no me han marginado: participo de la línea general.
• Balance
E.A.: Por qué mejor no hacemos un balance completo entrevistando a los directores y países cuando culmine mi período. Es malo hacer una evaluación en la mitad de una gestión. Pero muchos directores aquí piensan lo contrario.
P.: ¿Qué influencia pueden tener técnicos como usted en un organismo que responde a las políticas de los Estados Unidos?
E.A.: He supervisado a sesenta y dos países. Por razones obvias la prensa chilena sólo pregunta a los vecinos, pero el mundo es más ancho que Latinoamérica.
P.: ¿Es persona non grata en Uruguay, donde políticos y dirigentes laborales lo acusan de haber recomendado el «corralito» y demorado la liberalización de los recursos?
E.A.: Esa es la falsedad más grande que se ha escrito. Me siento honrado de haber liderado el equipo que rescató a Uruguay del abismo. Tengo una nota del presidente Batlle, que textualmente dice dónde quiero que me hagan la estatua y en qué plaza; tengo la declaración del embajador de Uruguay en Washington, que lo único que hace es alabar la gestión de los chilenos, y mis conversaciones semanales con el ministro de Economía, en que apuntamos a un programa sólido que precisamente los diferenció del «corralito» argentino y evitó el desastre. Hoy el sistema bancario está tranquilo, el gobierno trabaja con el Congreso para sacar una reforma tributaria y recuperar el crecimiento. No entiendo por qué se habló de los ocho chilenos que trabajaron en el Uruguay, pero no de los tres suecos, dos norteamericanos, el francés, el japonés, el irlandés y tres italianos.
P.: ¿Cómo ve el futuro del Uruguay?
E.A.: Positivo, pero complejo. A diferencia de otros países, tiene instituciones sólidas y eso fue lo que me llevó a apoyar un programa sin vacilaciones. De hecho, en mi ida por razones personales a Chile tuve que estar un domingo completo coordinando la remesa del préstamo puente de la Reserva Federal, con llamados a Enrique Iglesias (pregúntele a él si los chilenos le hicieron mal a su país), al Banco Mundial y al equipo nuestro para que la ayuda llegara en forma oportuna. Efectivamente, hay una complejidad en el Uruguay, sus autoridades lo saben y su gran presidente Batlle lo entiende. Ya no puede ser una plaza basada en depósitos de ciudadanos de países vecinos, tiene que reorientar su asignación de recursos hacia sectores exportadores.
P.: Muchos han cuestionado las exigencias del Fondo. Contrastan las políticas que los países desarrollados promueven a través suyo para los países que necesitan dinero, con las que promueven para sí mismos.
E.A.: El Fondo tiene debilidades y muchas se arrastran desde hace décadas. Una de ellas es haber dejado endeudarse en moneda dura a algunos países, que han tenido que ajustarse cuando llegan las vacas flacas. Pero el nuevo director gerente, Horst Köhler, y su equipo intentan reformarlo y ponerlo al día. Si usted llamara al secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, él le diría que la cumbre de Monterrey, que tuvo tanto éxito en lo social, fue hecha mano a mano con el FMI. Y adivine quién hizo de puente: el que le habla.
P.: ¿Cómo explica que el organismo esté siendo vilipendiado por los liberales, porque dicen que se alejó de su ideario al potenciar la cultura del pedir sin incentivar las reformas, y por la izquierda que lo identifica con las recetas fracasadas del capitalismo?
E.A.: Veo cierta confusión entre una crítica al modelo, al sistema de economía de mercado con políticas regulatorias activas y la globalización. Lo que hay en ciertos sectores de izquierda es un debate aceptable, dudas sobre aspectos de la globalización, su velocidad, su impacto en las soberanías nacionales y el tiempo que necesitan países en transición para absorber sus beneficios en forma completa, los efectos distributivos de la globalización. Debate en el que el Fondo está entrando activamente. Los ortodoxos critican al Fondo porque es duro y porque es blando. Pero la pregunta que hay que hacerse es más profunda, hay que remontarse a los que fundaron el FMI, incluyendo especialmente a John Maynard Keynes. Nos pegan porque bogas y porque no remamos. ¿Cuál es la institución alternativa, global, que tenga a los ciento noventa países del mundo, que puede actuar como banco central responsable y apoyar y discutir las políticas con cada uno de los países? Mientras esa institución alternativa no esté diseñada, bien vale la pena apoyar al Fondo y reformarlo en lo que se necesite.
P.: A nivel de la opinión pública regional los rescates masivos se perciben como salvavidas para los inversionistas y no para la gente.
E.A.: Cuando el Fondo apoya a un país pequeño para salvar al sistema de pagos y hacerlo crecer, cuando apoya a Perú o intenta hacer un nuevo programa con Colombia en circunstancias difíciles, no puede ser ésa la percepción. Al revés, si uno mira la impaciencia por la que algunos califican al FMI de demasiado duro con la Argentina, es precisamente para no caer en los vicios del pasado. El Fondo ha captado señales, corrige cursos, pero es criticado por tirios y troyanos. Lo que falta es que alguien con calma y perspectiva haga un buen libro sobre cómo funciona de verdad este organismo y lo publique en todos los idiomas en que lo hizo el señor Stiglitz, que ahora tiene mucho tiempo.



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