Viglione: "La economía argentina puede caer 40%"
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Critica también la devaluación, ya que «a esta altura es obvio que la sociedad no la entiende» y que además «se hizo sin un plan serio en la mano». Afirma que el mejor plan posible para hoy, es «Duhalde con poder político más déficit cero. Si no llamar a elecciones para que lo implemente otro». Agrega otro dato: la inevitable dolarización en el mediano plazo. Para Viglione, sólo con esta medida se creará «algo parecido a la confianza». Dice que esto es así «desde la hiperinflación de Celestino Rodrigo del '75», y seguirá siendo «por muchas generaciones más». Para el hombre de FIEL, la pelea que está dando el gobierno para mantener el dólar «es una cuestión insostenible en el tiempo» y «sin ninguna posibilidad de ganar».
Las principales declaraciones de Abel Viglione a este diario son las siguientes:
Periodista: El equipo económico estima que la economía puede caer este año 5%. ¿Es una cifra factible?
Abel Viglione: Puede caer, en un proceso que exceda un año, entre ese 5% y 40%, y no lo digo en broma.
P.: ¿En qué circunstancias la economía argentina puede caer 40% y vivir situaciones como la de esos países?
A.V.: Actualmente se está viviendo una economía capitalista sin medios de pago. Si se traslada esta situación a lo largo del año, en poco tiempo una economía se puede desintegrar y directamente desaparece el dinero. Tan simple como eso. Hay que repasar qué pasó en otros casos y en otros países, donde se dio ese nivel de caída de la economía.
A.V.: Cuando la URSS se desintegró en varios países independientes desde fines de la década del '80, se vieron situaciones de baja del PBI históricas en procesos de entre 3 y seis años. Le doy ejemplos que cita el propio FMI: Armenia cayó 46%, Arzeibaiján 76%, Estonia 42%, Georgia 77%, Rusia 42% y Ucrania 48%. En todos estos casos se observó una desintegración de la economía con una ruptura de las instituciones económicas y políticas. Se cuestiona la representación política, las instituciones económicas como el ahorro y la inversión, y se llega a una situación de un país capitalista sin medios de pago. Ese escenario no es una situación que la Argentina no pueda llegar a vivir.
P.: ¿Qué puede hacer el país ante esta amenaza?
A.V.: Primero hay que reconstruir las instituciones, comenzando por la representatividad de la política. Hoy el problema no es esencialmente de política económica, más allá de que un plan sea bueno o malo. La desconfianza llega a la política y hasta que no se termine esa sensación de desgobierno e irrepresentatividad es imposible pensar en salidas económicas. Luego de haber solucionado el problema político, se debe pensar en qué tipo de economía se quiere para un país: capitalismo, socialismo, apertura, industrialismo cerrado, etcétera.
P.: ¿Está Jorge Remes Lenicov y su equipo a la altura de las circunstancias?
A.V.: Es un muy buen técnico y economista al que le tengo aprecio. Pero el mejor equipo o el peor no puede solucionar por sí solo el problema económico.
P.: Entonces toda la responsabilidad es de Eduardo Duhalde. ¿Cómo lo ve?
A.V.: Representa al PJ ortodoxo. Siempre se sintió orgulloso de ello y hasta ahora no dio muestras de cambios firmes, más allá de declaraciones puntuales. Debe entender que el mundo y la economía cambiaron.
P.: ¿Cuál es el principal error del gobierno?
A.V.: Implementar hoy un control de cambios doble, con un tipo de dólar fijo oficial y otro libre pero controlado con ventas del Banco Central, en un mundo de mercados financieros totalmente conectados es simplemente una locura. El único país que puede hacerlo es Cuba, que es una isla socialista alejada del mundo racional.
P.: ¿Podía salvarse la convertibilidad?
A.V.: Sí. Pero no es una culpa absoluta de este gobierno, sino que la convertibilidad se abandonó en diciembre de 2001 cuando Domingo Cavallo lanzó el primer «corralito» y comenzó con el control de cambios.
P.: ¿Había otra alternativa a esa altura de la crisis?
A.V.: La alternativa era otra, y se debía haber tomado antes. Si se quería mantener la convertibilidad, la clase política debía comprometerse en conjunto a lograr el déficit cero y equilibrar de una vez por todas las finanzas. En su momento lo echaron a Ricardo López Murphy por un plan menos duro. Pero lo alarmante es que todavía, con la salida de la convertibilidad y la crisis en espiral, la clase política se resista a hacer su ajuste.
A.V.: Eduardo Duhalde con poder político más el plan de déficit cero. Si no lo puede implementar el actual presidente debe llamar a elecciones para que lo instrumente otro con apoyo popular.
P.: ¿Fue un error devaluar?
A.V.: Sí. A esta altura es obvio que al público argentino no le gusta y no entiende la devaluación. El mejor plan en ese momento era mantener el «corralito» con la flexibilidad que le dio Domingo Cavallo, seguir con la convertibilidad, y con apoyo político buscar el déficit cero. Pero no devaluar, y menos sin un plan serio en la
mano.
P.: ¿Se puede llegar a una dolarización?
A.V.: Es muy probable. La sociedad, las familias, piensan en dólares. Más luego del «corralito». Por mucho tiempo la gente sólo querrá dólares y no habrá confianza en el sistema financiero. Sólo dolarizando la economía entonces se podrá conseguir algo parecido a la confianza del público. Si a la gente se la deja, sólo usará los pesos para pagar el colectivo y los impuestos, y con el resto comprará dólares. Es así desde la hiperinflación de Celestino Rodrigo en el '75, y seguirá siendo por varias generaciones.
P.: El gobierno asegura que esa mentalidad debe cambiar. Incluso impulsa la venta de dólares desde el Central para controlar el mercado libre...
A.V.: Déjeme contarle una anécdota. El tenista sueco Bjön Borg le ganó durante 16 partidos al norteamericano Vitas Gerulaitis. Una vez, en el partido 17, éste le ganó a Borg y declaró irónicamente que «nadie le gana 17 partidos seguidos a Gerulaitis». Le recuerdo que después de ese partido Borg le ganó otros 15 partidos. La pelea de los gobiernos argentinos contra el dólar es así. Siempre pierde el peso o la moneda local de turno. En alguna jornada o período breve de tiempo se puede controlar, pero a la larga ningún gobierno tiene posibilidad de ganar esta pelea. No es un combate sostenible en el tiempo.
P.: ¿Cómo trabaja hoy la industria?
A.V.: En medio del «corralito» y de la parálisis económica, lo único que hace la industria es tratar de liquidar stocks lo más rápido posible y con la menor pérdida de precios. Por otro lado se intenta cobrar lo que está colocado en la calle. No hay planes ni para producir más ni para invertir. Es una economía de supervivencia.
Entrevista de Carlos Burgueño




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