El escándalo que rodea al presidente del Banco Mundial, Paul Wolfowitz, ha dañado al organismo incluso en opinión de la Casa Blanca, pero aun así el Consejo Ejecutivo no concluyó ayer su debate sobre el futuro del presidente del organismo.
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El Banco Mundial informó que las deliberaciones continuarán hoy -la cadena ABC llegó a darlo por renunciado ayer-, mientras fuentes legales apuntan que Wolfowitz quiere que su futuro se decida mediante un voto de todo el Consejo Ejecutivo del Banco, lo que posiblemente le dé un mayor margen de maniobra.
Si finalmente el futuro de Wolfowitz se somete a votación en el BM, Washington será el que lleve la voz cantante. EE.UU. es el principal accionista de la institución con 16,4% de los votos en el consejo, seguido por Japón con 7,9 por ciento.
Poder de veto
Para que se apruebe una decisión importante, es necesaria una mayoría de 85%, lo que deja a EE.UU. con suficientes votos para bloquear cualquier medida de peso.
El nuevo mensaje de la Casa Blanca, que hace hincapié ahora en el futuro del banco, sugiere un cambio de postura en la administración estadounidense, que no ha logrado el apoyo que buscaba del G-7 al liderazgo de Wolfowitz.
Alemania, sin ir más lejos, dijo ayer que el ex número dos del Pentágono debe dimitir y señaló que, de no hacerlo, le recomienda no participar en un foro de dos días sobre Africa que empieza el próximo lunes en Berlín.
«Creo que la Casa Blanca se ha dado cuenta finalmente de (...) que la permanencia de Wolfowitz es perjudicial para el Banco y el propio EE.UU.», dijo Dennis DeTray, vicepresidente del Center for Global Development, un influyente centro sobre desarrollo con sede en Washington.
En opinión de DeTray, «el debate ya no gira más en torno a si Wolfowitz debe dimitir,sino cómo dimitir».
El Consejo Ejecutivo del Banco Mundial, integrado por 24 directores que representan a los 185 miembros de la entidad, mantuvo ayer una maratónica sesión para intentar, sin éxito, zanjar el controvertido asunto.
Pese a la desesperada lucha de Wolfowitz por salvar su cabeza, expertos como Colin Bradford, del centro de estudios «Brookings Institution», creen que «está acabado».
Bradford, que fue asesor durante la presidencia de Bill Clinton, opina que el que Wolfowitz se vaya es solo cuestión de tiempo.
El ex número dos del Pentágono aseguró el martes ante el Consejo Ejecutivo que obró de buena voluntad a la hora de subir el sueldo y ascender a su novia, Shaha Ali Riza, una funcionaria del banco.
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