Cualquiera que recuerde el estado de beligerancia que hubo hace unos meses se sorprendería por la cordialidad que se manifestó durante la comida que compartieron, el lunes por la noche, Roberto Lavagna y Guillermo Nielsen con los banqueros Enrique Cristofani, Manuel Sacerdote, Emilio Cárdenas, Ezequiel Carballo, Jorge Brito y Guillermo Stanley. Aunque tal vez el verdadero motivo de asombro podría ser la identidad del organizador del encuentro: José Octavio «Pilo» Bordón, habitual colaborador de Lavagna en gestiones políticas (reciprocidades de 1995: si Bordón hubiera ganado la elección el actual ministro hubiera llegado antes al cargo).
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Hubo también algún aporte internacional del ex gobernador, sobre todo por sus contactos en los organismos multilaterales de Washington, donde se desempeña habitualmente. Hasta el lugar de la cita le era tan familiar a Bordón como el Ministerio de Economía: se realizó en el Citibank, del que es habitué desde hace años.
Entre los temas de conversación entre banqueros y funcionarios hubo tres que se llevaron casi toda la reunión. El más inquietante, los amparos que permiten que siga el goteo del «corralito». Se explicó allí que la Corte tenía en tratamiento el problema en virtud de una causa en la que accionó la provincia de Río Negro y que, por lo tanto, llegó directamente al tribunal supremo. «Puede haber una respuesta esta semana, somos más prudentes que optimistas», explicó uno de los dos funcionarios sentados a la mesa.
Se pasó al «corralito»: «Qué bueno sería que ustedes trabajaran juntos con (Aldo) Pignanelli, para levantar rápidamente las restricciones sobre cuentas transaccionales», se manifestó uno de los banqueros. Lavagna se mostró condescendiente: «No tenemos ningún problema en hacerlo y, de hecho, va a haber reuniones pronto». Pero Nielsen fue más reticente: «Si el ministro lo dispone yo me pliego inmediatamente. Aunque tengamos problemas con dos hombres del Central, no con Pignanelli».
Finalmente, quedó flotando en el encuentro una aspiración menos urgente, pero igualmente decisiva para el sistema financiero: que comience una política de reestructuración que por lo menos despeje los enormes desarreglos que, por culpa de la crisis que se arrastra desde diciembre del año pasado, agobian los balances de las entidades. Lavagna aseguró que en poco tiempo se involucrará personalmente en el problema, que será un motivo más de conversación con Pignanelli.
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