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2 de marzo 2015 - 13:33

¿Y dónde está el viento de cola?

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Por Esteban Ackerman, integrante del Grupo de Estudio de Economía Nacional y Popular (GEENaP)

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Durante los primeros años de los gobiernos kirchneristas la oposición política y académica solía recurrir a una metáfora para explicar el crecimiento sostenido y a tasas altas de la economía nacional: el viento de cola. Según esta interpretación, las políticas desarrolladas por el Gobierno Nacional no eran el sustento del crecimiento del PBI, la generación de puestos de trabajo, el aumento del consumo y la caída de los índices de pobreza. Todos esos resultados eran efecto de un contexto internacional favorable. Completaban la parodia aseverando que, además, estábamos desaprovechando la inmejorable oportunidad que el mundo nos brindaba.

Desde el inicio de la crisis de las subprime y sus derivaciones, hace ya más de un lustro, ese argumento se fue volviendo indisimulablemente interesado y faccioso. De hecho, esos mismos sectores son los que niegan la relación entre la desaceleración de algunas variables locales y la performance de nuestros principales socios comerciales. Risueños, se burlaban de la afirmación de la Presidente cuando sostuvo que el mundo "se nos cayó encima".

Sin embargo, en su reciente discurso de apertura de Sesiones Ordinarias del Congreso, la Primer Mandataria fue muy clara respecto del país que deja, demostrando que su gestión se enfocó en desplegar una serie de medidas contracíclicas para evitar que la crisis externa se tradujera en costos sociales internos. En ese sentido, los fuertes incrementos de la asignación universal por hijo, de ayuda escolar, la ampliación del Programa Ahora 12 (entre otras), son todas medidas direccionadas a sostener el mercado interno ante la merma de demanda de nuestros principales compradores extranjeros. También así fue planificado, desde su lanzamiento, el PRO.CRE.AR: fue, en primer lugar, una medida de política económica y complementariamente una política habitacional. Tiene la doble virtud de dinamizar la economía (por los encadenamientos productivos que genera la construcción, demandando insumos y trabajo de muchos sectores) y dar posibilidad de acceso a la vivienda a quienes no llegan a cumplir los requisitos exigidos por el mercado.

Lo mismo ocurre con el PRO.CRE.AUTO. El sector automotriz vio menguada fuertemente su demanda desde Brasil, país comprador de más del 80% de nuestras exportaciones sectoriales. El bajo crecimiento e incluso la caída en la actividad del país vecino, combinado con el carácter cíclico de las importaciones, afectó la producción Argentina y el gobierno nacional reaccionó rápidamente para suplir esa caída de la demanda externa por mayor demanda interna, subsidiando el financiamiento en la compra de autos cero kilómetro.

En este punto es importante aclarar que no se trata aquí de señalar la bondad, generosidad o filantropía de la Presidente o de un ministro. Toda política pública apunta a defender intereses y un proyecto popular, que pretende defender a las mayorías, inevitablemente tendrá que negar privilegios a las minorías.

En un mundo que se ha encontrado con complicaciones económicas serias en los últimos 7 años, con nuestros principales socios comerciales fuertemente afectados (Brasil compra un tercio de nuestras exportaciones), con precios a la baja de los principales commodities agropecuarios, se han mostrado bastante efectivas las medidas contracíclicas señaladas. Tanto más si comparamos la actual crisis internacional con la del año '95: el efecto tequila, que fue una crisis de un país periférico y sin mucha relación comercial o financiera con la Argentina, significó una caída de casi 3% del PBI, un aumento de más de 6% de la pobreza y un salto en la desocupación de más de 2%. En los últimos años se desaceleró el crecimiento y se detuvo la generación de puestos de trabajo pero, ante una crisis mucho más profunda y cercana, no hemos visto retrocesos considerables.

Estos resultados no son gratuitos, no se obtienen sin conflictividad. La decisión política de destinar los recursos necesarios para conseguir esos resultados es fuente de conflicto, inevitable si uno pretende no claudicar. El establishment siempre tendrá ideas mucho más "razonables" para ese dinero. Pero sin la firmeza política necesaria, cediendo ante la tentación de los poderes fácticos, el círculo vicioso de ajuste, caída del consumo y aumento de la desocupación/pobreza será inevitable. Nada que no se sepa desde la existencia de Keynes.

El kirchnerismo, tanto en la caracterización de propios y ajenos, se destaca por aquello que señalamos: la aceptación (y no la negación) del conflicto como constitutivo, inherente, a la vida en sociedad. Otros lo llaman la "grieta", crispación, o falta de diálogo. Pero sostener las políticas que impulsó el kirchnerismo implica la aceptación de la inevitable furia de minorías intensas.

Ya entrados en el año electoral, este aspecto se descubre entre los candidatos. Más allá de las pertenencias partidarias históricas, de las declamaciones de las propias virtudes y generosidades, el sendero terminará bifurcándose: habrá quienes acepten defender los intereses nacionales y populares, expresando la continuidad de los últimos 12 años. Y habrá quienes dirán defender a todos, dejando latente y oculto el conflicto social hasta un nuevo estallido. En ese campo se dirimirá el asunto.

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