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72 escalones

Pero casi un mes después de la hazaña, sufrió otro traspié: cayó en cuartos de final del Masters 1000 de Montecarlo, ante Novak Djokovic, y se desgarró el isquiotibial izquierdo, síntoma de que aún no estaba totalmente recuperado de su operación en la cadera. Todo hacía suponer que otra vez iba a estar entre algodones por un buen rato. Sin embargo, David no sabe de claudicaciones. Al igual que ante Suecia, viajó a Moscú para ponerse el equipo al hombro y otorgarle dos puntos clave ante Nikolay Davydenko y ante Mikhail Youzhny para colocar a la Argentina en semifinales. Sin dudas, fue el punto de inflexión para empezar a despegar del fondo del ranking: como bonus track de la hazaña, ascendió del puesto 153 al 117.
Envalentonado por la solidez de su tenis, el cordobés jugó la última semana el ATP 500 de Washington para empezar a prepararse con la mira en el US Open, que se jugará la última semana de agosto, y en la serie de semifinales ante Francia, en Lyon. Pero con el correr de los partidos se fue percatando de que su nivel le daba para más. Conclusión: terminó conquistando su 11o título de su carrera, cediendo apenas un set en todo el torneo. Esos 500 puntos le posibilitaron escalar 72 posiciones y pasar del puesto 117 al 45.
De todos modos, esta semana seguirá aceitando la máquina. Desde hoy desandará el Masters 1000 de Toronto, cuando debute a las 14 (hora argentina) ante el español David Ferrer, 10o preclasificado. Pese a que en el historial está 6-4 abajo, David se quedó con la última victoria, que fue en la final de Copa Davis de 2008, en la que España superó a la Argentina, en Mar del Plata. Pero las estadísticas poco importan cuando se habla de Nalbandian. Cuando está en plenitud física, juega como si fuera No 1.


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