11 de mayo 2011 - 00:00

A Brasil la noticia le estalló en plena reunión bilateral

Nicolás Maduro y Antonio Patriota, cancilleres de Venezuela y Brasil. Ambos se reunieron ayer en Itamaraty, en el marco de una cumbre bilateral frustrada por una dolencia de Hugo Chávez. Él y Dilma Rousseff prometieron encontrarse pronto; mientras, se suceden los rumores sobre un vínculo frío entre ambos.
Nicolás Maduro y Antonio Patriota, cancilleres de Venezuela y Brasil. Ambos se reunieron ayer en Itamaraty, en el marco de una cumbre bilateral frustrada por una dolencia de Hugo Chávez. Él y Dilma Rousseff prometieron encontrarse pronto; mientras, se suceden los rumores sobre un vínculo frío entre ambos.
San Pablo - La divulgación del estudio del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS, por sus siglas en inglés) sobre los supuestos vínculos del Gobierno de Caracas con las FARC coincidió con la visita en Brasilia del canciller venezolano, Nicolás Maduro, quien representó a su país en nombre de Hugo Chávez, ausente de la anunciada como primera cumbre presidencial con Dilma Rousseff, a raíz de una complicación en una rodilla.

El tema ocupó el primer lugar en la agenda de la política brasileña. Los líderes de la oposición vieron la ocasión para insistir en que el Gobierno de Rousseff cambie su posición frente a Venezuela, como ocurrió en el discurso adoptado sobre Irán, cuya política nuclear era respaldada por el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva y ahora, con la nueva gobernante, Brasil pasó a darle prioridad a la defensa de los derechos humanos, incluso con un voto contrario al país musulmán en el seno de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

El vicepresidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados y uno de los líderes del opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), Eduardo Azeredo, manifestó que el informe, que indica que el venezolano llegó a prometer 300 millones de dólares a la guerrilla colombiana, «sólo confirma el carácter antidemocrático e intervencionista del Gobierno de Chávez. Él traerá un factor disgregador al Mercosur y la presidenta Rousseff aún está a tiempo de posicionarse más firmemente con relación al Gobierno de Venezuela», y recordó que en 2009 la votación en el Congreso brasileño para ratificar la adhesión de Caracas como miembro pleno del bloque no fue unánime y causó división, incluso en la base aliada al entonces gobernante Lula da Silva.

Su correligionario y senador Álvaro Días, otro de los líderes insignes de la oposición, comentó que «si hay apoyo a una relación criminal que es dañina a Brasil, eso tiene que ser colocado como una condición para mantener las buenas relaciones con Venezuela. La denuncia señalada es de la mayor gravedad y es necesario tomar providencias».

El potencial candidato presidencial de la oposición, el senador Aécio Neves, también del PSDB, consideró que la relación de Brasil con el Gobierno de Venezuela «es preocupante porque no hay democracia plena en ese país. La presidenta Dilma se posicionó diferente de Lula en algunas cuestiones en que él estaba equivocado y espero que ella haga lo mismo ahora. Pero queda la alerta: las relaciones comerciales no pueden ser comprometidas por una sumisión a un idealismo que no es de la población brasileña». Las denuncias contra Venezuela coinciden con la suspensión de última hora de un viaje de Chávez a Brasilia, donde pretendía reunirse por primera vez con carácter bilateral con la mandataria, desde que ella asumió el poder en enero. Chávez adujo una lesión en una rodilla para la cancelación del viaje. Sin embargo, Rousseff recibió en su despacho a la delegación venezolana encabezada por el canciller Maduro. Se trató del cuarto aplazamiento, por diferentes motivos, de citas bilaterales entre ambos mandatarios.

«Las relaciones entre Brasil y Venezuela, por lo menos en este comienzo de Gobierno en Brasil, no tienen la intensidad que tenían, incluso en los primeros meses, durante los mandatos del expresidente Lula y todo apunta a que Dilma, sin girar radicalmente su posición, va a adoptar un discurso más moderado y menos comprometedor con Venezuela», manifestó a Ámbito Financiero el politólogo brasileño Marcos Ferreira.

Para el analista, «Brasil, en lo posible, será neutral frente a Venezuela. No como en el Gobierno de Lula, en el que la defensa a Chávez era clara. Pero eso no quiere decir que ella (Rousseff) sea contraria a la política venezolana. Una cosa es criticar, que no lo va a hacer, y otra es no comprometerse con sus declaraciones». A pesar de la actitud de Brasil, no comunicar oficialmente su posición sobre el informe, el canciller brasileño, Antonio Patriota, minimizó su contenido y consideró que es más importante «el nuevo clima de entendimiento» que existe ahora entre Chávez y su homólogo colombiano, Juan Manuel Santos.

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