4 de febrero 2009 - 00:00

A Cherutti y Artaza no los une el amor sino la crisis

Esta imagen podría volver a repetirse; así lo sugieren declaraciones de Nito Artaza y Miguel Ángel Cherutti en entrevistas. Hay quienes auguran hasta un futuro trío de capocómicos con Carmen Barbieri.
Esta imagen podría volver a repetirse; así lo sugieren declaraciones de Nito Artaza y Miguel Ángel Cherutti en entrevistas. Hay quienes auguran hasta un futuro trío de capocómicos con Carmen Barbieri.
La temporada revisteril marplatense está generando situaciones inesperadas. Para entenderlas hay que hacer un poco de historia. Como es sabido, Miguel Angel Cherutti y Nito Artaza conformaron una exitosa dupla durante mucho tiempo, hasta que algunas desinteligencias los llevaron a actuar por separado. El año pasado Miguel Angel Cherutti y Carmen Barbieri presentaban juntos «Incomparable» y competían contra «Cristina en el país de las maravillas» de Nito Artaza. Para este verano, Barbieri fundó su compañía junto a su marido Santiago Bal, responsable de los libros y, según datos extraoficiales, es ella quien lidera la taquilla marplatense, superando a los cómicos que dominaron las recaudaciones durante varias temporadas. Es más, fue Cherutti quien convenció a Barbieri para que regresara al género (este año hizo lo mismo con Georgina Barbarossa).
Pero luego de atacarse mutuamente todos ellos parecen extrañarse. O acaso el público mermó -crisis mediante- consiguiendo renovar los lazos de amistad arrasados por la competencia. Carmen Barbieri visitó la semana pasada a Nito Artaza y fue invitada al escenario para que éste le devolviera la gentileza obsequiándole un ramo de flores.
Pero lo más curioso ocurrió el viernes pasado en el programa de Gerardo Rozín, donde Artaza «confesó» que le gustaría volver a trabajar con Cherutti, algo que este último correspondió en un reportaje posterior. Claro que ambos pusieron sus reparos y hablaron de un futuro «no muy cercano pues a cada uno le está yendo bien por separado». Lógico este comentario de Artaza a Rozín, pues todavía le queda un mes en Mar del Plata y no puede reconocer que la taquilla no se compadeció con las expectativas.
En cuanto al espectáculo de Cherutti, «Deslumbrante», el regreso a la revista de Georgina Barbarossa después de 25 años, tiene sus luces y sus sombras. Por un lado, algunos monólogos de la actriz son demasiado autorreferenciales (similares a los de Moria Casán en Carlos Paz), algo así como un repaso de su curriculum vitae. Barbarossa se refiere ahí a sus estudios con maestros del teatro como Agustín Alezzo o a su trabajo junto a glorias del humor como Ana María Campoy, a quien, de paso, imita. Por otro, canta y baila razonablemente bien y sus caracterizaciones son buenas. Las hay de Rafaela Carrá, de Shakira o de Gladys «la bomba» tucumana.
La dirección artística y las coreografías de Reina Reech son correctas, con diferentes números que incluyen acrobacia y telas y hasta teatro negro. Lástima que violan el código esencial de este género y encienden las luces, con lo que el truco pierde efecto.
Como Artaza, Cherutti es un buen imitador, sobre todo de músicos (pasan el ex Nochero Jorge Rojas, Miguel Bosé y Cacho Castaña) pero lo mejor llega con Néstor Kirchner. Su parodia es graciosa, aunque el sketch en el que el ex presidente y Cristina de Kirchner se quejan amargamente del campo,es demasiado extenso. Para matizar, aparece Dallys Ferreira, con quien el personaje de Kirchner quiere engañar a Cristina.
Brilla el comediante Diego Reinhold, quien no hace otra cosa que repetir sus números más logrados durante las cuatro ediciones de «Cómico stand up». También sorprende la sincronía del truco con el que entra y sale de la pantalla, donde combina el vivo con las secuencias grabadas.
El resultado es un espectáculo conformado por diferentes atracciones, separadas entre sí, sin guía argumental alguna, pero se pasa bien el rato.
Sólo queda un mes de funciones en Mar del Plata y tal vez el año próximo encuentre a Artaza, Cherutti y Barbieri compartiendo un mismo espectáculo. Parece demasiado, pero nunca se sabe.

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