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A DOS VOCES: Víctor Hugo desde la pecera
Uno es la estrella del show político de televisión más exitoso desde los tiempos de mayor repercusión de Bernardo Neustadt, hace dos décadas. El uruguayo, dueño de una voz potente, quemó las naves cuando vio aproximarse la ley de Medios y agita las mañanas radiales. Sus miradas contrapuestas sobre la puja entre Clarín y el Gobierno los arrojaron a las antípodas. Un cronista de VIERNES visitó ambas trincheras. Así lo cuenta.

Faltan veinticinco minutos para las nueve de la mañana.
Doblando a la derecha, casi al fondo, está el estudio principal de la radio, lugar en el que transcurre el último tramo del programa de Magdalena Ruiz Guiñazú. Unos metros antes, en un cuarto minúsculo de paredes blancas, encontramos a Víctor Hugo Morales. Sentado con los pies apoyados en la pared, zapatos de gamuza con más de un hervor, el uruguayo apenas se mueve de su lugar para recibir la treintena de hojas impresas, con anotaciones en lapicera azul, que le entrega Segovia. En quince minutos arranca el programa y aún falta afinar el contenido.
Satisfecho con el efecto producido, el conductor pide, fuera de micrófono, que lo pasen de nuevo. Hernán Abella, el operador desde la "pecera", así llamada por el vidrio rectangular que separa los controles del estudio, repite el audio. "¡Este es el autobús del progreso!", grita Capriles, fuera de sí. Víctor Hugo se ríe, los ojos se le hacen chiquitos. Está contento.
Entra el llamado de Feletti y el conductor le pregunta por las restricciones a la compra de dólares; luego lee un comunicado de Hebe de Bonafini en el que la titular de Madres acusa a José Manuel de la Sota de "miserable"; más tarde, pasa el audio de Moreno y ensaya una defensa del funcionario. La primera voz opositora, la diputada del FAP Victoria Donda, sale a las 10.17. Van 77 minutos de programa.
En el corte, una publicidad llama la atención dentro y fuera de la isla: un aviso, nuevo, del Gobierno de la provincia de Córdoba. Quien habla es De la Sota. El contraste con el comunicado de Hebe es inmediato. "La radio manda un aviso sobre estos tipos y nosotros justo nos metemos con esto", se lamenta Víctor Hugo, entre risas.
Del otro lado de la pecera, Segovia sonríe. Había empezado a trabajar a su lado en "Por deporte", un programa radial donde aparecían representantes de disciplinas poco difundidas en el país, como esquí o atletismo, y hace cinco años, cuando el relator ocupó la media mañana en Continental, decidió acompañarlo una vez más.
Al principio, cuando la programación de Continental cobró la forma actual, la relación de Víctor Hugo con el resto de las figuras era buena. Sin embargo, los roces no tardaron en aparecer. Tres años atrás, con Fernando Bravo se retiraron el saludo luego de que en "La mañana" pasaron un audio en el que el corredor Marcos Di Palma se despachaba contra la posición dominante de la productora Carburando, en parte propiedad de Clarín. "La pelea con Bravo también fue parte de su milonga con los monopolios", recuerda su productora. Por la tarde, el conductor de San Pedro entrevistó a un directivo de Carburando con agrios comentarios sobre la entrevista de la mañana a Di Palma. Fin de la relación.
El enfrentamiento con Clarín trasciende la guerra abierta que el grupo mantiene, desde 2008, con el Gobierno nacional. Ya es un asunto personal. Y aunque hoy el conductor aparezca estrechamente consustanciado con determinadas políticas kirchneristas, sus batallas personales exceden la posición favorable o contraria al Gobierno. Eso explica por qué le dedica, por ejemplo, varios minutos al conflicto que los canillitas mantienen con las grandes revistas, o por qué, antes de despedirse, les pide a sus oyentes que lean las notas de su página web personal, a la que llama "nuestra trinchera".
Su salida del estudio se produce a toda velocidad: tiene un compromiso en el teatro Gran Rex. Segovia le recuerda que es a cuatro cuadras, que le conviene ir caminando. El relator desobedece y a la salida para un taxi sobre Rivadavia. El chofer no le da importancia al hecho de estar llevando a un ícono de la radio argentina.
"Hoy no hubo casi críticas al Gobierno -admite Víctor Hugo mientras el taxi dobla por Carlos Pellegrini-. Pero alternamos. El otro día conté cinco o seis cosas con las que discrepo, y están expresadas con el tono habitual". ¿Cómo se siente frente a tanta exposición? "Tiene cosas maravillosas y otras un poco más tensas. Siempre aparece alguien que me dice alguna cosa (agresión), pero los comprendo por lo que le han hecho los medios tradicionales", explica. (Segovia contará que al principio sufría mucho. "Le molestaba que le dijeran 'uruguayo vendido'. Se hacía problema por cada comentario. Ahora está más acostumbrado").
Hay quienes sostienen que este escenario de fuerte polarización vuelve difícil el ejercicio del periodismo. Víctor Hugo no coincide. "Creo que es maravilloso lo que ha ocurrido, aunque algunos dejamos jirones en el camino. Hasta hace tres años y medio hacíamos periodismo como si estuviésemos en una cosa light. De pronto, cada palabra, cada idea, pasó a tener otro peso. Es cierto, estamos muy expuestos al abrir el micrófono y he tenido casos memorables de metidas de pata. Pero creo que es más lindo ahora que cada uno va mostrando de qué lado del mundo quiere estar".

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