5 de junio 2009 - 00:00

A la gente se la puede conocer por lo que come

Según Narda Lepes, «el boom turístico ahora bajó», pero aún así «en la cola de los cines escuchás hablar diez idiomas diferentes».
Según Narda Lepes, «el boom turístico ahora bajó», pero aún así «en la cola de los cines escuchás hablar diez idiomas diferentes».
Por qué le preparó a Robbie Williams puré de porotos sobre una tostada, qué comen en los recitales las distintas tribus urbanas, la increíble frescura de las comidas en Vietnam, y por qué Colombia no es lo que se dice sino mucho mejor; cómo es hacer un stage en un restorán de París donde el chef es Joel Robuchon, qué pasa cuando uno se pone a discutir sobre alimentos en un mercado de Londres, de lo que le significó haber estudiado con Francis Mallman, son algunos de los infinitos temas de los que se puede hablar con la siempre juvenil Narda Lepes, cocinera, conductora de programas de televisión, autora de un best seller de iniciación a la gastronomía y, confiesa, apasionada viajera. Narda, con su personalísimo estilo, se ha hecho de un extraordinario club de fans.

Periodista: ¿Qué pensás de que la gastronomía te ha dado una empresa, proyección como periodista y escritora, viajes y hasta relacionarte con grupos musicales como Oasis, Aerosmith y REM?

Narda Lepes: Primero, que tuve suerte; segundo, el contento, la felicidad, de saber que lo que quise hacer lo pude hacer. Lo primero que uno agradece es poder vivir de lo que a uno le gusta. Me siento agradecida con la vida de que las cosas me salgan bien, y que a la gente le guste lo que hago.

P.: Viajaste desde muy chica. Te llevaron a vivir a Venezuela. ¿Qué recuerdo te quedó de eso?

N.L.: Estuvo bueno haber vivido de chica, de los 2 años a los 7, en un país caribeño. Me dio la posibilidad de conocer una forma de vida muy diferente. Estábamos en Caracas, no cerca de las playas, pero estaba el calor del clima y el calor de la gente, de la música, de la salsa, de la soltura caribeña, que es genial; de las comidas, los picantes, los aromas. El trópico tiene sabores y aromas intensos. Vas por la calle y de los árboles caen frutas, te llueven mangos.

P.: ¿El interés por la cocina te viene un poco por tus padres?

N.L.: A toda mi familia le gusta comer mucho y bien. Primero bien, y después mucho. Yo nunca comí comida para niños, nunca comí una comida aparte. Nunca me dieron esas papillas para nenas. Nunca me dijeron: esto comen los chicos, y esto los grandes. En mi casa cocinaban todos, pero también íbamos mucho a comer afuera, lo que me permitía probar distintas cosas. Comí comida árabe, japonesa, de muy chiquita. Eso te abre la cabeza.

P.: Eso lo continuaste cuando ya, como una reconocida chef, comenzaste a viajar por el mundo para comentar platos y sabores en tu programa de televisión. En ese recorrido que venís haciendo, ¿qué países te sorprendieron más?

N.L.: Por lo general los países que más sorprenden son los que son culturalmente muy distintos, o los que crees que van a ser muy distintos y no lo son tanto. Todos los países tienen algo, y yo no tengo uno favorito. Japón y Marruecos fueron el primer shock que tuve. Después anduve por otros. Brasil, Grecia, y ahora Vietnam. Esos para mi programa del canal El Gourmet; aparte anduve recorriendo Europa a los 20 años. Estuve un año trabajando en la cocina de diversos restoranes. En París estuve con Joel Robuchon y con Gerard Foucher, que fue uno de los que más me enseñaron. Bueno, además, viajé por Estados Unidos, por Latinoamérica, por lo que vino después de El Gourmet.

Mala prensa

P.: ¿A qué lugar te gustaría volver?

N.L.: Me gusta América Latina. Colombia, por ejemplo, me encanta. No me esperaba lo que encontré, acaso eso se debió a que tenía la mala prensa de Colombia. La primera vez que fui no sabía con qué me iba a encontrar, y me encontré con un montón de gente alegre, abierta, culta. Tienen el castellano más lindo de todos. La comida es riquísima, y los paisajes increíbles. Bueno, en cuanto a las comidas, todos los países de América Latina que tengan un legado cultural indígena fuerte van a tener una mayor personalidad que los que no lo tienen, por ejemplo nosotros. La Argentina no tiene en cocina una gran personalidad, un sello que nos destaque, tenemos buenos productos. Ellos tienen un bagaje cultural que nosotros no tenemos.

P.: Hablando de la Argentina, ¿qué lugares te gustan?

N.L.: Mucho, los del norte, Salta, Jujuy. Me falta conocer bastante. Es que es donde menos voy. Voy mucho a Mendoza, a la Patagonia, a Bariloche, estuve en Neuquén hace poquito. Ahí uno pasa de un valle a otro y es otra película. Al sur voy a hacer menúes, a dar clases, a visitar alguna bodega, a realizar algún catering.

P.: Hiciste catering para grandes músicos y cantantes. Veamos, por ejemplo, ¿en qué se diferenciaron los pedidos de Neil Young de los de Beck?

N.L.: Te puedo decir más qué es lo que tienen en común que lo que los diferencia. La gente que anda en gira viene comiendo en hoteles o comida de campaña, en lugares que no son su casa, que no son su comida. Nosotros en «Comer y pasarla bien» buscamos saber de qué lugar es cada persona. Si es de Estados Unidos, de qué ciudad, dónde se crió, a ver qué comía cuando era chico, qué le hacía su madre, y tratamos de hacer cosas que estén más relacionadas con eso. Les ofrecemos platos para que sientan que les cocinó una madre y no un chef.

P.: Por ejemplo, a Robbie Williams, ¿qué le ofreciste?

N.L.: Ahí tenés un ejemplo. Los ingleses comen bean on toast, que es puré de porotos sobre una tostada. Eso quería comer. Y bueno, tuvimos que preparárselo, pero en vez de sacarlo de una lata, se lo hicimos.

P.: ¿Y en el caso de Ricky Martin?

N.L.: Bastante simples los pedidos. Ricky hace mucho ejercicio, así que eran casi comidas para deportistas. Muchos piden pescado, verduras al vapor, orgánico. Lo que pasa es que vienen viajando y viajando y se tienen que cuidar de que no les caiga una bomba.

P.: ¿Por qué se dice que sabés a qué tribu urbana pertenece una persona por lo que come?

N.L.: Eso tiene que ver con que en los festivales de Pepsi o de Quilmes hay un día de cada tribu urbana. Ahí nosotros tenemos un puesto de comida de venta al público. Es gracioso ver los hábitos de compra de cada grupo. Por ejemplo, el día metalero es el que a nosotros mejor nos va, porque para el metalero su salida son los recitales, no va después a bailar, no se va a cenar con sus amigos. Te dice: dame un sánguche, eso qué es, dámelo. Su plata la gasta ahí. En cambio el alternativo tiene muchas otras salidas, gasta en ropa, y te pide precios, te hace mil preguntas antes de decidirse, y después comparte. El día del reggae se llevan su comida en la mochila, que se les acaba cuando termina la noche, entonces vienen y te desvalijan, se comen todo pero al final. El punk no gasta plata, porque la gasta en alcohol. Los flowers y todos esos tampoco gastan mucha plata, porque la cuidan para otras cosas, tienen otros gastos.

P.: ¿Qué pensás del boom de los chefs que se ha dado en la Argentina?

N.L.: Es igual en el resto del mundo. A todos nos atraen los alimentos. Antes se lo tenía en la casa, se lo veía, se lo preparaba. Madre, abuela, tía, siempre había alguien cocinando. Ahora, como está menos eso, necesitamos ver cómo relacionarnos con los alimentos. La gente antes no hablaba tanto de comidas porque comía todos los días comida casera. Y en la mesa se comentaban los platos. Ahora la gente añora esas cosas. La gente habla de comida porque siente que perdió algo. Hoy ir a lo de un chef que te han recomendado lo podés hacer. Hay lujos que te podés dar, como tomar de tanto en tanto un mejor vino.

P.: Y ¿cómo ves otro boom de estos años, el turístico?

N.L.: Ahora bajó, pero en la cola de los cines escuchás hablar en diez idiomas distintos. Por la calle ves rubios que sospechás que son finlandeses, salvo que estén teñidos de finlandeses (risas).

P.: ¿Cuáles son tus proyectos?

N.L.: Por suerte voy cambiando. Estoy preparando otro libro, que sea distinto al anterior. Con «Comer y pasarla bien» me fue bárbaro, por eso voy a buscar que el próximo no compita con ése, porque creo que tiene mucha duración porque enseña todo lo que hay que saber para empezar; además, tiene consejos, experiencias mías, relatos de mis viajes. En la tele ahora sale el programa que hice en Vietnam, y estamos por grabar otra serie de los programas de «Secretos y recetas». Bueno, yo tengo planes a corto plazo, y a largo plazo sé hacia dónde quiero ir y hacia dónde no; en el medio, todo puede pasar.

P.: ¿Por qué en los programas donde cocinás estás muy seria y en los de los viajes muy divertida?

N.L.: Es que me gusta viajar (ríe). Además, en los viajes me encuentro con gente, dialogo, charlo, estoy interactuando con personas, es algo que me gusta mucho. En la tele estoy sola, ¿me voy a hacer la graciosa sola? Ahí yo te estoy pasando una receta, algo que sé y que me importa que vos sepas.

Entrevista de Máximo Soto

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