Madrid - Sebastián Piñera, el exitoso empresario que se perfila como el máximo candidato a convertirse en el futuro presidente de Chile, consumaría un cambio histórico en el país, llevando al centroderecha al Gobierno por primera vez desde el fin de la dictadura de Augusto Pinochet. El pionero en el negocio de las tarjetas de crédito rozó la hazaña hace cuatro años, cuando perdió en segunda vuelta contra la actual presidenta, Michelle Bachelet. Pero esta vez las encuestas lo posicionan como favorito para las elecciones de diciembre (aunque la pelea se presentará reñida en el ballottage), donde representará a la Coalición por el Cambio, con el objetivo de derrotar a la Concertación, instalada en el Palacio de la Moneda desde 1990.
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Piñera se convirtió este año en el 701º hombre más rico del mundo, según la revista Forbes. Sin embargo, lo que hoy lo mueve no es el mercado, sino el interés colectivo: «Si quisiera dedicarme a mi empresa o tener una vida más cómoda, no estaría en política».
Periodista: ¿Qué medidas tomó para que sus negocios no interfieran con su eventual gestión como presidente de Chile?
Sebastián Piñera: Cuando el país recuperó la democracia, en 1989, abandoné el mundo de los negocios. Siempre esperé que se legislara para regular la legítima actividad privada de aquellos que tenemos una vocación de servicio público. Desgraciadamente, el Gobierno chileno habló mucho, pero hizo poco. Lleva 10 años amenazando con una ley que en realidad no quiere aprobar, porque prefiere utilizar esta situación para perjudicarme. Por eso yo transferí la administración de mis empresas a instituciones reguladas por entes públicos.
P.: En los años 70 y 80, usted siempre votó No en los referendos sobre la legitimidad del Gobierno de Pinochet. Además, su padre fue uno de los fundadores de la Democracia Cristiana. ¿Se considera un candidato atípico del centroderecha?
S.P.: Tal vez fui una persona atípica hace 20 años, cuando el país estaba dividido. Pero hoy me siento plenamente representado en mi coalición. Esta permanente idea de la Concertación de recurrir al pasado para dividir a los chilenos es una mala estrategia. Da la impresión de que lo único que los une es su oposición a Pinochet.
P.: ¿Cree que la derecha chilena logró superar el estigma del pinochetismo?
S.P.: El sector que yo represento superó totalmente ese período de la historia. Yo siempre me opuse al Gobierno militar de Pinochet. Por los graves y reiterados atropellos a los derechos humanos y porque yo creo que la democracia es el mejor camino. Pero Pinochet dejó de ser presidente de Chile hace más de 20 años, ya es parte del pasado.
P.: Mientras en España nunca hubo generales franquistas en la cárcel, en Chile sí hay militares pinochetistas entre rejas. ¿Sería partidario de una amnistía?
S.P.: Creo que está bien que quienes tuvieron responsabilidades directas las asuman.
P.: ¿Dónde falló la Concertación en estas dos décadas?
S.P.: A la Concertación se le agotaron las ideas, las fuerzas, las ganas. El país perdió el liderazgo y el dinamismo. Chile era capaz de crecer a un ritmo de entre el 7% y el 8% al año, de duplicar su ingreso per cápita cada década. Pero ahora el crecimiento cayó a menos de la mitad y se perdió la capacidad de creación de empleo. El Gobierno Bachelet construyó una buena red de protección social. Pero eso no es suficiente. Para 2018 quiero que Chile sea el primer país de Latinoamérica que haya logrado derrotar la pobreza.
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