8 de julio 2011 - 00:00

A los 94 años, Ides Kihlen prodiga belleza y vitalidad

La obra de Ides Kihlen está siempre en constante transformación, como lo revelan las 20 obras de su actual muestra «Concierto de colores».
La obra de Ides Kihlen está siempre en constante transformación, como lo revelan las 20 obras de su actual muestra «Concierto de colores».
No se puede incluir a Ides Kihlen en el complot del arte, en la estética de la emergencia, en el ascenso de la insignificancia, en el concepto de diagrama, en el estupor del arte, por sólo nombrar ideas y conceptos bienvenidos y analizados a lo largo de esta última década, que nos han ayudado y, a veces, confundido, respecto al devenir del arte y la crítica estética.

Sus comienzos, como casi en la mayoría de los casos, sigue el derrotero de escuelas académicas, talleres, donde afirma su destreza técnica dentro del clasicismo hasta su «liberación» paulatina cuando ingresa en el mundo de la abstracción geométrica, alrededor de los años 80. Klee, entre otros maestros, constituye una bisagra en su desarrollo y a partir de entonces sus composiciones estarán centradas en líneas que atraviesan el plano, pequeñas figuras geométricas, agrupaciones colorísticas, números. Y así sucesivamente, a través de series que se van consolidando hacia el año 2000.

Ides nos regala líneas zigzagueantes, no sólo con el pincel, sino que apela a recursos como hilo pegado, fondos muy trabajados, recortes de papel, arabescos, cuadros plenos de ritmo y vitalidad.

Hasta 2010, obra en constante transformación, como lo revelan sus 20 obras de «Concierto de Colores», su actual muestra en Galería Coppa Oliver (Talcahuano 1287, hasta el 18 de julio), y que produce alegría, esa que hemos perdido ante tanta entronización de la muerte y la basura, literalmente. También nos recuerda a Alexander Baumgarten, fundador de la estética filosófica, que definió a la estética como «el arte de pensar bellamente». Además no debe soslayarse que Ides Kihlen es hoy una joven en la plenitud de sus 94 años que celebra sus 80 años en las artes plásticas. 

  • La fascinación que el paisaje patagónico ha ejercido en Isabel de Laborde la lleva a confesar que es parte de su paisaje interior. Su exposición en el Centro Cultural Recoleta (hasta el 24 de julio) tiene tres ramas: las maderas intervenidas, las tintas y las plantaciones que hizo con su marido, hexágonos de 90 ejemplares cada uno, en homenaje a sus padres. Cada uno de esos árboles serán donados a aquellos que tienen un vínculo con su familia y con los ciclos de la vida. Esta muestra y esa acción que puede tener lazos con el «land art» responde al gran «Cordón vegetal», título de la muestra y también un cordón umbilical con la madre tierra.


  • Caminamos por entre esos troncos de gran presencia cuya superficie pulida invita a tocarlos y recorrerlos. Pero la presencia de estas maderas intervenidas por la artista, tienen historias, a veces son encontradas en medio de la inmensidad, otras, son fragmentos de troncos quemados o los que flotan a la deriva en el agua de un río. Aquí interviene Isabel de Laborde, gran observadora de las formas a las que, respetando el material con el que va a conformar su idea, talla o les incrusta cerámicas de colores. Si se quiere pueden llamárselas esculturas, pero lo importante de estas formas trasplantadas al cubo blanco del espacio donde se exhiben conservan una intensa vida propia y una energía contenida que Laborde logra liberar.

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