- ámbito
- Edición Impresa
“A los jóvenes los atrapa la voracidad de Bioy por el goce”
Mancini: “A Bioy no le gustaron para nada los desvíos al cine que hicieron de su novela ‘La invención de Morel’. Habla de ‘películas donde el espectador primero se confunde, luego se impacienta y después se aburre’”.
Adriana Mancini es doctora en Letras por la Universidad de Buenos Aires, donde se desempeña como docente e investigadora. Ha dictados seminarios en Venecia, Milán y Colonia. Tuvo a su cargo la edición de "Walter Benjamin. Denkbilder. Epifanías en viajes", en colaboración la edición de "La ronda y el antifaz. Lecturas críticas sobre Silvina Ocampo", y es autora del libro "Silvina Ocampo. Escalas de pasión", que fuera su tesis doctoral. Sobre la pasión de Bioy Casares por el cine y la relación con sus obras dialogamos con ella.
Periodista: ¿Cuál es hoy el lugar de Adolfo Bioy Casares en la literatura argentina?
Adriana Mancini: Un lugar de respeto. Yo trabajo en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, y el profesorado Joaquín B. González, y cuando doy la obra de Bioy a los alumnos les entusiasma. Este año di "La invención de Morel" en relación a la literatura fantástica y al cine. Le interesa, les gusta, no hay resistencia. Se entusiasman cuando descubren que pueden hacer relaciones extratextuales, intratextuales, que pueden trabajar la literatura, como dice Ricardo Piglia, como un banco de pruebas, y reflexionar sobre la vida, lo humano, la filosofía, libremente, porque la literatura no se compromete con nada, es ficción a la larga; ni siquiera se le puede aplicar una ley moral, por suerte, y eso impulsa a reflexionar. La gente joven se ve atrapada en Bioy por su voracidad para el goce, o cuando nos confía que "la realidad es fantástica. El fantástico es real. El fantástico es la vida. Nunca había pensado que iba a dedicarme a la literatura fantástica; lo que ha sucedido es que me han ocurrido historias fantásticas".
P.: ¿Cómo aparece la idea de hacer el libro "Bioy Casares va al cine"?
A.M.: De manera casual. Yo había ido a la presentación del primer volumen de "Arlt va al cine" de Patricio Fontana, un querido ex alumno mío. El sobre Arlt era el primer volumen de la colección "Los escritores van al cine", donde iban a estar Borges, Victoria Ocampo, Homero Manzi, Manuel Puig y Juan José Saer. Hablando con Gonzalo Aguilar, director de la colección y autor del libro sobre Borges, le digo: no pusiste a Bioy. Y ahí mismo me ofreció que lo escribiera. Yo sólo había trabajado a Bioy para las clases que dicto y para una investigación que vengo haciendo sobre "La representación de la muerte y la vejez en la literatura argentina". Es maravilloso lo que Bioy tiene sobre la vejez, fundamentalmente en "Descanso del caminante". Así fue como me metí con Bioy y el cine. Y fue un trabajo porque no tiene una reflexión de él sobre el cine. Él va al cine como puede salir con una mujer a la tarde. En el proyecto de su día está jugar al tenis, salir con una mujer, ir al cine. Después puede tener situaciones que puede relacionar con películas, pero no hay una reflexión como en Arlt o en Borges. Eso me complicó mucho.
P.: Cuando chico a Bioy no le gustaba el cine, y de adulto casi no podía vivir sin el cine.
A.M.: No le gustaba el cine porque celaba a la madre. Tenía una cosa muy fuerte con Marta Casares, la madre. Hay anécdotas maravillosas. De chico veraneaban en Mar del Plata y él esperaba a su madre en La Rambla. Cuando terminaba la función y salían todos los espectadores juntos se desesperaba, tenía miedo de no poder encontrar a su madre, por eso odiaba el cine. Además, los padres no querían que fuera al cine porque tenía que hacerse hombre haciendo deporte. En ese sector social eso era parte del aprendizaje del poder. Es interesante confrontarlo con Manuel Puig, que iba al cine todos los días. Después de que Bioy había ido a ver "Psicosis", Joaquín, ese chofer, su cómplice que lo llevaba a ver teatro de revistas, se le aparecía disfrazado de madre, para que el niño Adolfo no extrañara a su madre que se había ido al cine. En cambio la marca de esa película en Manuel Puig lo lleva a utilizar "la voz espíona de esa madre" al escribir "Buenos Aires affair".
P.: Muchísimos escritores de todo el mundo consideran a "La invención de Morel" una obra fundamental de la ciencia ficción, que ha inspirado novelas, películas, series como "Lost" y , de algún modo, quizá, "La rosa púrpura de El Cairo" de Woody Allen.
A.M.: En Francia inspiró a muchos cineastas. Se la ha relacionado con la película de Alain Resnais y Alain Robbe-Grillet "El año pasado en Marienbad", por el clima opresivo, que es algo típico del objetivismo. De "La invención de Morel", Borges dice que tiene "una trama perfecta", y Saer explica que es una novela que "medita sobre un problema que no es de ningún modo una invención fantástica: el problema de la fugacidad de la existencia y la conciencia desdichada que esa fugacidad supone". Quizá eso tenga que ver con lo que decía Jaime Rest, que la diferencia entre Borges y Bioy era que Bioy tenía densidad vital. A Bioy no le gustaron para nada los desvíos al cine que se hicieron de su novela, el telefilm francés de Claude-Jean Bonnardot, ni la versión italiana de Emilio Greco con Anna Karina. Habla de "películas donde el espectador primero se confunde, luego se impacienta y después se aburre". A veces tiene buenos recuerdos para "El crimen de Oribe", primera película de Torre Nilsson, basada en un cuento suyo. Y es afable con "El sueño de los héroes" que hizo Renán. Pero amaba el cine. Alguna vez escribió que una sala de cine es "el lugar donde elegiría esperar el fin del mundo".
P.: ¿Usted cree, como algunos, que la figura de Bioy fue ensombrecida por la dimensión y trascendencia de su amigo Jorge Luis Borges?
A.M.: Lo mismo le pasó a Silvina Ocampo con Borges, con Bioy y su hermana Victoria. Bioy tuvo un buen reconocimiento de su obra. En Francia se lo consideró un precursor de la Nouvelle Vague. Se lo reconoce como un autor clave en la literatura fantástica y de ciencia ficción, y a "La invención de Morel" una obra maestra. No creo que los méritos de Borges hayan opacado su obra. Cuando estábamos haciendo con Graciela Speranza el guion de "Las dependencias ", el telefilm de Lucrecia Martel sobre Silvina Ocampo, conseguí entrevistar a Bioy Casares. Sus recuerdos de los encuentros con Borges eran muy precisos, y creo que había una comunión sincera, lo mismo que con Silvina, a pesar de las discusiones. Uno puede encontrar relaciones entre"El aleph" de Borges, "El solar" de Bioy y "El impostor" de Silvina Ocampo, como si se hubieran decidido a trabajar de un modo personal un mismo tema. Esos encuentros se pueden leer en el maravilloso diario "Borges" de Bioy Casares.
P.: ¿Qué está escribiendo ahora?
A.M.: Sigo trabajando sobre "La vejez y la muerte en la literatura argentina", que algún día va a ser un libro. En este momento escribo sobre "Fármaco y vejez" para la revista "Boca de Sapo", que dirige Jimena Néspolo. Estoy armando lo que voy a decir en un Congreso de Letras en Udine, Italia, sobre "Cine y literatura", me centré en la relación entre Beatriz Guido y Leopoldo Torre Nilsson, y la película "Piedra libre". Después voy a un seminario en Indonesia donde voy a hablar sobre "La nubes" de Saer y sobre el último libro de Beatriz Sarlo como un eslabón de los de las mujeres viajeras.
Entrevista de Máximo Soto


Dejá tu comentario