Terminó siendo la segunda mayor suba semanal en lo que va del año, borrando en apenas cinco ruedas la pérdida de las cuatro semanas previas. A lo largo de estos días se ha venido hablando mucho de la fortaleza que exhibieron los papeles tecnológicos, pero si vemos que el NASDAQ avanzo un 7,44%, en tanto el Dow ganó el 7,33%, es claro que la suba no se concentró en un solo sector. Incluso el viernes, cuando el Dow ganó un modesto 0,37% al cerrar en 8.743,94, la mezcla de los papeles que más contribuyeron a la suba fue ecléctica: IBM, el JPMorgan, Procter & Gamble y McDonalds; por el lado de las bajas, General Electric, 3M, Coca Cola y Kraft Foods. Si esto refleja algo, más que una apuesta a la salida de la crisis posiblemente sea una apuesta a la evolución particular de cada empresa (la estrella de la semana fueron los papeles financieros, ganando el 9,4%). Esto permitió desestimar todas las noticias del frente macroeconómico que en general no fueron "buenas" (de los 12 datos más relevantes, 7 confirmaron que seguimos en recesión). Ante esto, es posible que el 2,74% que ganó el oro cerrando en u$s 937,2 por onza, el 6,13% que sumó el precio del petróleo para quedar en u$s 63,56 por barril y el 9,7% que "voló" el cobre evidenciaran las apuestas a corto plazo de los inversores institucionales y no su visión de largo. Es cierto que desde que comenzó la actual temporada de balances los números reportados superaron las expectativas, pero el sentimiento general de los más veteranos no es exultante.
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Para los próximos días, además de seguir atentos a lo que indiquen los balances deberemos prestarle atención a lo que sugiera el presidente de la Fed sobre los mecanismos que empleará para revertir la brutal inyección de liquidez que se ha volcado sobre el sistema financiero.
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