15 de noviembre 2010 - 00:00

Acertada “Pasión” de Bach en el Colón

El público ovacionó el esfuerzo del director Mario Videla  y sus equipos, en una versión de la «Pasión según San Mateo» cuyos mejores solistas fueron los cantantes Soledad de la Rosa y Víctor Torres y los músicos Claudio Barile y Juan Manuel Quintana.
El público ovacionó el esfuerzo del director Mario Videla y sus equipos, en una versión de la «Pasión según San Mateo» cuyos mejores solistas fueron los cantantes Soledad de la Rosa y Víctor Torres y los músicos Claudio Barile y Juan Manuel Quintana.
Festivales Musicales de Buenos Aires, 10° concierto de abono. Camerata Bariloche, Orfeón de Bs. As. y Coro de Niños (Dir.: N. Andrenacci y P. Piccinni). Dir. Gral: M.: Videla. «Pasión según San Mateo» BWV 244 de J. S. Bach. (Teatro Colón, 12/11).



Con uno de los monumentos de la música sacra (y de la música en general), la «Pasión según San Mateo» de Bach, cerró su temporada 2010 la asociación Festivales Musicales de Buenos Aires. El organista, clavecinista y pedagogo Mario Videla asumió la dirección de fuerzas numerosas, como el Orfeón de Buenos Aires (con más de 100 integrantes), Coro de Niños, Camerata Bariloche y siete solistas.

Desde su origen medieval, la costumbre de musicalizar el relato de la pasión y muerte de Cristo tuvo (al igual que otros episodios bíblicos) una misión pictórica, describiendo los hechos como en los retablos o los vitrales de las iglesias, y Bach (llamado «el quinto Evangelista» pero que bien podría ser denominado «el primero») llevó esta función visual y dramática a un punto jamás superado.

En este sentido, la columna vertebral de esta obra la constituye el Evangelista, y fue un gran acierto el haber asignado esta parte al tenor Christophe Einhorn, quien supo pintar ante el oyente cada instancia del relato. El bajo cordobés Sergio Carlevaris, en tanto, fue un Jesús de volumen y tesitura adecuadas que pudo haber tenido mayor intensidad.

En el cuadro de solistas es justicia ubicar en primera fila a Soledad De La Rosa y Víctor Torres: ambos hicieron de cada una de sus intervenciones un momento sublime, en especial las arias «Aus Liebe will mein Heiland sterben» y «Komm, süsses Kreuz», acompañados respectivamente por los no menos sublimes Claudio Barile (flauta) y Juan Manuel Quintana (viola da gamba). El contratenor Martín Oro abordó su parte con la solvencia y musicalidad habituales, con especial brillo en «Können TrTMnen meiner Wangen». Muy bien como Pedro, Judas y en sus arias se desempeñó el barítono Alejandro Meerapfel.

Con menos dominio del estilo y seguridad en este repertorio, Virginia Correa Dupuy no alcanzó a hacer del «Erbarme dich» (en el que destacó el impecable violín de Pablo Saraví) la cumbre dramática que debe constituir.

Pareció un esfuerzo vano el haber traído a Sebastian Brower (Utrecht) para asumir las arias de tenor con un nivel muy inferior al de algunos cantantes locales.

Esfuerzo valorado

Otro de los ejes de la pasión bachiana es el coro, en grandes números de apertura y cierre de ambas partes, intervenciones en arias, corales y el papel de la multitud (en los llamados «coros de turba») dentro del relato. Salvo por el sonido abierto de los tenores, el Orfeón tuvo un desempeño muy bueno, y cabe pensar que algunos desfasajes que se produjeron respondieron más a una concertación no siempre precisa. El profesionalismo de la Camerata fue en este aspecto también un pilar fundamental.

Más numeroso en las localidades altas que en la platea del Colón, el público ovacionó el esfuerzo de Videla y sus equipos: la ejecución casi completa (hubo cortes en el «da capo» de casi todas las arias y se suprimió parte de algunos recitativos) de una obra de esta exigencia con recursos humanos casi totalmente argentinos es siempre algo para festejar.

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