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Adiós a Torcuato Di Tella, emblema de los años 60
Torcuato Di Tella, fundador con su hermano Guido del legendario Instituto Di Tella, ejerció durante el gobierno de Néstor Kirchner como Secretario de Cultura, y sus boutades terminaron por alejarlo del cargo.
"La Secretaría de Cultura es un circo. Necesito monos, jirafas, enanos y elefantes. No puedo quejarme si hay estiércol en el piso porque con tantos animales es imposible. Éste es mi circo. Mire, el Museo de la Historia del Traje está bajo mi órbita. Nunca fui ni pienso ir": ésta es quizá una de las declaraciones más recordadas que le hizo a la prensa, pero no la más fuerte. Otras fueron: "Mi modelo es que haya cada vez más grupos peronistas que se aparten del Gobierno. Menem ya sonó. Está medio muerto; sus esfuerzos con la Bolocco lo van a matar, por más que sea fecundación asistida".
Di Tella, uno de los hombres a los que más le debe la cultura argentina de los '60, fundó el legendario Instituto que lleva su nombre junto con su hermano Guido (el ex canciller de Menem), murió ayer por la mañana a los 86 años en la Clínica Mater Dei, donde estaba internado desde hacía días, muy poco después de una de las glorias del arte de aquél tiempo que él contribuyó a fomentar y difundir en su Instituto, el escultor Gyula Kosice.
Sociólogo de vasta trayectoria y formación académica, autor de más de veinte libros, Torcuato Di Tella había nacido como Torcuato Francisco Salvador, hijo mayor del fundador en 1911 de Siam Di Tella, también llamado Torcuato, que fabricó las clásicas heladeras blancas y el automóvil Siam Di Tella 1500. Su primer acto de rebeldía fue abandonar los estudios de ingeniería industrial (mandato familiar) y dedicarse a la incipiente sociología, carrera que concluyó con una maestríen la Universidad de Columbia, Nueva York, en 1953. Entusiasmado por las ideas de izquierda, su primer libro fue "El sistema político argentino y la clase obrera". Poco tiempo más tarde, en 1958, funda con su hermano el legendario Instituto que terminaría cerrando el general Onganía, donde nuclea a los artistas más vanguardistas de los 60, en una paleta que iba de Kosice a Marta Minujin.
"Pusimos un tercio de nuestras acciones en la empresa familiar cada uno y con eso funcionaba, además de la colección de mi padre", relató en un reportaje. "La idea era que hubiera un museo dinámico, aparte de un grupo de investigación, inspirado en el modelo norteamericano de las fundaciones tipo Ford y Rockefeller. Mi vocación fue la excusa perfecta para no trabajar en la empresa. No me gustaba trabajar".
En los 60, también, se unió al Partido Socialista, como derivación de su afiliación al laborismo británico durante los años que vivió en Londres, casi en simultáneo a su experiencia en la India de Mahatma Gandhi. "La sensibilidad hacia las clases populares en mi familia siempre existió, entre otras razones porque ellos pasaron por una etapa muy pobre: gambeteaban la pobreza en un cuarto de pensión. Mi padre, que era cabeza de ratón en los Abruzzos, vino acá a los dos años. De joven, queríhacer dinero y volver a Italia", agregó.
Por momentos, su idea sobre las clases populares rozaba un idealismo utópico decimonónico. Ya siendo secretario de Cultura, se le ocurrió un día mostrarle a una sobrina radicada en los Estados Unidos "lo que era una villa miseria". Así, con su mejor estampa de dandy inglés y sin custodios, se internó caminando con ella y otros familiares en la isla Maciel. Apenas cruzó el puente sobre el Riachuelo los asaltaron a punta de pistola y los desvalijaron.
Mientras tanto, continuaban sus declaraciones a los medios: "La Cultura no tiene prioridad para el gobierno y tampoco la tiene para míA mi me interesa la cultura, pero hay cosas que me interesan más. No puedo decir que no me importa. Pero no es una de mis prioridades...con tantos temas por solucionar, el paíse convierte en una casa que se quema y la cultura es el gallinero del fondo". Pero la gota que colmó el vaso se produjo días antes de que se iniciara, a fines de 2004, el Congreso de la Lengua en Rosario, adonde concurrirían los Reyes de España y Néstor y Cristina Kirchner. En un reportaje que le dio a la revista TXT, y refiriéndose a una famosa cantante que iba a ser nombrada en el Fondo de las Artes, dijo: "el Gobierno debe resolver primero el problema de los chicos que se mueren de hambre en Santiago del Estero y no en quién es la pelotuda o puta que va a dirigir el Fondo de las Artes". La renuncia llegó enseguida, y no pudo asistir al Congreso rosarino. Sus relaciones con el gobierno, sin embargo, no se rompieron, sino que Cristina de Kirchner le ofreció la Embajada de Italia, adonde se instaló junto a su esposa, la politóloga y empresaria Tamara Di Tella.
Entre los libros, que escribió figuran "Huachipato et Lota. Étude sur la conscience ouvrière dans deux entreprises chiliennes" (1966), "Sindicato y comunidad. Dos tipos de estructura sindical latinoamericana", (1967), "La teoría del primer impacto del crecimiento económico" (1968), "Sociología de los procesos políticos" (1986), "Historia de los partidos políticos en América Latina" (1994) e "Historia argentina contemporánea" (1998). Sus restos fueron velados en la sede de la Universidad Di Tella, y su entierro será hoy en el cementerio de la Chacarita.


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