2 de septiembre 2009 - 00:00

Aerolíneas promete despidos por el atraso

Mariano Recalde
Mariano Recalde
«Vamos a tomar las medidas que haya que tomar, y si de la investigación surge que hay que despedir a alguien, no tendremos problema en hacerlo». Una alta fuente de Aerolíneas Argentinas admitió a este diario el «papelón» que había sido para la empresa la demora de casi 24 horas en la partida hacia Madrid del vuelo 1134, que debió decolar el domingo a las 21 y terminó partiendo el día siguiente a las 20.

La fuente aseguró que el presidente de la aérea reestatizada, Mariano Recalde, había ordenado el inicio de un sumario para determinar quién había sido responsable del retraso, y sancionarlo (de acuerdo con lo que permite el convenio colectivo de trabajo).

Según la fuente, el dedo acusador apuntaría de manera primaria al auxiliar de a bordo que accionó la «Puerta 2» (la de emergencia, opuesta a la que se usa para el ingreso de los pasajeros al avión) sin asegurarse de que el tobogán de emergencia estaba desactivado. Sin embargo, no parece probable que esa sanción se concrete, habida cuenta del poder que exhiben los gremios aeronáuticos en el manejo de la compañía.

De todos modos, culpar únicamente a ese auxiliar de a bordo sería una injusticia: el incidente del tobogán se produjo sólo porque el Boeing 747-400, cargado y listo para partir, debió retornar a la puerta de embarque porque el copiloto se había olvidado de entregar la documentación del vuelo a Fuerza Aérea.

Tampoco el sobrecargo es responsable de que el avión haya partido 23 horas más tarde de lo previsto: si las autoridades de Aerolíneas Argentinas hubieran conseguido que los pilotos «suplentes» que estaban de guardia aceptaran tripular el vuelo 1134, la demora habría sido sensiblemente inferior.

¿Por qué no pudieron hacerlo? APLA, el gremio de los comandantes de Aerolíneas que capitanea el piloto presidencial Jorge Pérez Tamayo, rehúsa que sus afiliados sean «reprogramados» (léase llamados a volar fuera de lo que indica su plan, que se establece a inicios de cada mes). Por eso, y porque el copiloto designado adujo estar descompuesto, la empresa demoró casi 16 horas en conformar una nueva tripulación y partir desde Ezeiza.

«En el sumario van a declarar todos: las gerencias involucradas, la tripulación que no voló y la que voló, el personal de tierra que tuvo que bajar todo el equipaje... Iremos hasta las últimas consecuencias, porque Recalde prometió al inicio de su gestión que la prioridad ahora la tendrían los pasajeros», dijo el vocero. Aparentemente, alguien en el gremio de los pilotos no leyó esa declaración de Recalde.

Mientras tanto, las consecuencias del dominio de APLA sobre la empresa siguen pagándolas los pasajeros. En este caso, los afectados no sólo fueron los que embarcaron casi 24 horas más tarde, sino también los que aguardaron en vano en el aeropuerto de Barajas el vuelo que los llevaría a Buenos Aires.

De esos pasajeros (la empresa declinó informar el número aproximado de afectados), la mayoría fue «reprogramada». Sin embargo, 70 no aceptaron y fueron reubicados en un vuelo de Air Comet. Como Aerolíneas sigue fuera de IATA, los tickets en Air Comet debieron ser comprados, porque la aérea oficial no está en el clearing internacional de la industria.

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