9 de diciembre 2010 - 00:00

Agridulce relato de una perdedora

Michelle Williams interpreta a una chica que no parece preparada para salir al mundo, pero igual emprende un viaje a pura pérdida con su perra, en un film que emociona o aburre sin términos medios.
Michelle Williams interpreta a una chica que no parece preparada para salir al mundo, pero igual emprende un viaje a pura pérdida con su perra, en un film que emociona o aburre sin términos medios.
«Wendy & Lucy» (EE.UU., 2008, habl. en inglés). Dir.: K. Reichart. Guión: J. RayK. Reichart. Int.: M. Williams, W. Patton, W. Oldham, J. Robinson.

No hay términos medios. Emociona o aburre. Eso depende no sólo de la sensibilidad del espectador, sino también de su predisposición a dejarse llevar por las recomendaciones de la moda. Hoy la directora «indie» Kelly Reichart está de moda en los círculos snobs, que elogian sus obras como algo maravilloso, de modo que algunos pueden sentirse en la obligación de decir que les gusta aunque no les haya parecido gran cosa. Aceptémoslo, porque ella misma lo acepta: sus obras no son gran cosa. Son, eso sí, pequeñas, sentidas y sinceras. Ahí, precisamente, reside su atractivo.

De las que se han visto en el Bafici, que fueron todas las que había hecho hasta ese momento, «Wendy & Lucy» es la menos soporífera, quizás hasta podríamos decir la mejor que hizo en su vida. Gran parte del mérito se lo lleva Michelle Williams, quien pasa de ser la rubia linda de «Secreto en la montaña» y «La isla siniestra», a chica sin gracia, pelo castaño oscuro, inhábil, pavota, buena para nada, una de esas que pasan desapercibidas por el mundo, que a la primera de cambio las pasa por encima sin darse cuenta. Pero que existen, y sufren, y puestas a la intemperie no tienen remedio.

Como tantas de esas criaturas, Wendy cree que en un lugar lejano mejorará su existencia, así que emprende la marcha en un auto desvencijado, sin papeles en orden, sin dinero suficiente, sin sentido común en la cabeza, y con la sola compañía de su única amiga, una perra mezcla de Golden retriever con bachicha llamada Lucy, que, como su dueña, tampoco tiene muchas luces. No les va mal, incluso cada tanto alguien se inclina a darles una mano, pero de pronto una serie de inconvenientes en tierra desconocida acaba con los sueños y lleva a la chica a vivir un intenso drama de cara al futuro. Esa es la historia, basada en «Train Choir» y otros cuentos de perdedores reunidos en «Livability: Stories», de Jonathan Raymond, quien también participó en el guión.

Eso es todo. Uno puede enternecerse con ambas infelices, o considerar que también su tiempo entró en la lista de perdedores, ya que la directora bloquea toda emoción, estira las escenas muertas e impide que las otras tengan mayor vida, lo que constituye un estilo que el snobismo elogia y mucho público común simplemente rechaza. Como sea, para ambos existe el término medio. Y para conmoverse de veras con un infeliz sin futuro y su perro, «Umberto D».

P.S.

Dejá tu comentario