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Durante 2016 poco más que duplicó la fabricación de cosechadoras a 407 unidades y vendió 419 unidades, un 82% más que en 2015. Este salto en la capacidad de fábrica puede sorprender si no recordamos que en 2003 habían sido 1.008 las máquinas elaboradas y 1.002 las entregadas (en 1997 habían sido 1.122), es decir que estamos aún a menos de la mitad de la capacidad potencial de la empresa. Dicho esto, no podemos pasar por alto la caída en las exportaciones que de las 43 unidades en 2013 pasaron ahora a insignificantes 5. Si bien económicamente esto no es gravitante, las implicancias en cuanto a pérdida de mercados y actualización tecnológica sí lo son. Otro punto que nos marca la propia empresa es que por primera vez en ocho años el área sembrada de soja en el país se redujo para la actual campaña 2016/17. Esto ha derivado en una tibia rotación hacia otros cultivos, que ha permitido salvar en parte el efecto de las inundaciones en distintas zonas del país, augurando un incremento del 5,2% en la cosecha total de los siete principales granos pampeanos, o 6% en el valor de ésta (u$s34.600 millones). Con este panorama la empresa estima un incremento de 20% en la venta de unidades que se concentraría en el actual semestre. Veremos si lo logra. Pasando al balance arranca con ingresos creciendo 175% en doce meses y costos que lo hicieron 136%, dejándole un bruto de $170 millones, 366% mayor al previo. Deducidos los gastos (duplicó los de comercialización y distribución) queda con un operativo de $101 millones que por efecto de la carga financiera (apenas 2% mayor a la previa) y la mordida del fisco la deja con un neto de $50.611.129, cuando un año antes perdía $18 millones (en términos reales no superó los resultados de 2013 cuando había vendido 454 máquinas).
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