Ajuste de cuentas entre los diputados

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El Gobierno midió el impacto de lo que sucedió en el recinto de Diputados el miércoles y ordenó poner freno a los exabrupto contra la elección de Jorge Bergoglio como Papa. El cruce en el recinto, cuando en el medio de la elección se conoció el resultado del cónclave, tuvo las caras del kirchnerista Horacio Pietragalla, que rechazaba cualquier halago al nuevo papa y el mendocino Omar Demarchi que estalló por la falta de atención del kirchnerismo hacia la noticia.

Ese episodio fue sólo la punta de un conflicto que sacudió ese día y ayer a un oficialismo que se dividió a la hora de hacer cálculos de pérdida y ganancia, clásico en las evaluaciones del PJ. La explosión interna producto de la decisión que se tomó en la Capilla Sixtina llegó incluso ayer a la Legislatura porteña donde La Cámpora no acató la instrucción de poner paños fríos.

Pocas veces como el miércoles quedó tan clara la división entre el PJ oficial y el kirchnerismo puro que conviven en el bloque oficialista. Las formas y el fondo los dividían.

Julián Domínguez, como se sabe, fue quien anunció en el recinto de Diputados: "Hay Papa y es argentino". Lo hizo mientras el kirchnerismo estaba demasiado enfrascado en los discursos que homenajeaban a Hugo Chávez.

No gustó en el kirchnerismo duro del recinto que se rompiera ese momento por la elección en Roma de un enemigo del Gobierno.

Tras los conocidos cruces hubo reuniones en el despacho de Domínguez, negociaciones y frenos para intentar minimizar el impacto de un kirchnerismo que comenzaba a acusar al nuevo papa de colaboracionista con la dictadura militar mientras en la calle la euforia por la noticia crecía sin límites. Mal saldo para cualquier partido.

La negociación logró interna del bloque K destrabar la declaración de saludo al nuevo pontífice, pero no alcanzó para limpiar la poco rentable imagen de las primeras reacciones de buena parte del oficialismo.

Tras ese episodio la estrategia cambió. Control de daños previo, hubo un llamado de Cristina de Kirchner a Domínguez. La orden fue pacificar y preparar comitiva, chica pero con opositores, para el traslado presidencial a Roma. Recién en ese momento se comenzó a hablar en el Congreso con tono de festejo.

Domínguez, que venía intentando calmar las bancas ultra K desde la noche anterior salió a poner límite: "Esperamos que para los argentinos sea un signo positivo de este nuevo tiempo. La elección del nombre Francisco, en alusión a San Francisco de Asís, marca una huella", dijo.

"Esperemos que sea el tiempo del Sur, el tiempo de los pueblos que creen en los valores espirituales, en la trascendencia de la persona humana. Esperemos que sea una gran señal de contradicción para los poderosos del mundo. Es tiempo de diálogo y paz". Fue, por lejos, la primera declaración oficial sobre la elección del Papa con un contenido que fue más allá de lo meramente formal como se había escuchado hasta entonces.

Pero no alcanzó. Ayer por la noche en la Legislatura se replicó la misma pelea inicial que en Diputados: Juan Cabandié retiró al bloque kirchnerista del recinto cuando se debatió una declaración para saludar al nuevo papa.

La excusa fue la falta de información sobre el balance de la Legislatura que se debía aprobar, pero el resultado de la fuerte pelea en el recinto fue que La Cámpora y el resto del oficialismo se salvaron de felicitar a Jorge Bergoglio por su papado.

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