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Alejo Laclau le canta a las cosas del querer
Alejo Laclau: una plenitud otorgada por una voz sana, de gran sonoridad, excelente color y adecuada expresividad.
a la pintura paisajista y a
la memoria de tiempos remotos.
Los años 30, 40 y 50 del cine recalan en aquella «Qué será, será...» que trae la figura rubicunda de Doris Day y la cándida presencia de Judy Garland en «For me and my gal». La ingenuidad de la «Lilí» de Leslie Caron se enlaza con la rudeza de un Gary Cooper de «A la hora señalada» en un estímulo poderoso para que canciones y nombres del cine se transformen en imágenes recurrentes en la sensibilidad del oyente.
Proveniente del canto lírico y el rigor del trabajo técnico conseguido en sus estudios en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón como así también en años de trayectoria en formaciones corales o en trabajos individuales hechos en Suiza, Alemania o Buenos Aires, Laclau posee una plenitud otorgada por una voz sana, de gran sonoridad, excelente color y adecuada expresividad sin excesos que se agradece.
Además el artista maneja con destreza los distintos idiomas que tanto la poesía seleccionada (Lope de Vega, García Lorca en el bellísmo «Romance de las Manolas», Lord Byron, Borges o Neruda) como la exposición de canciones en castellano, francés o inglés, le exigen. El repertorio no podía ser más ecléctico: «La flor de la canela», «Ay, que el alma se me sale», «Michelle», «Lilí Marlene», «Dominó», «Memory», «La vie en rose», «Ne me quitte pas», «Puente sobre aguas turbulentas» o «La Romanza del soldadito». Breves comentarios acerca de épocas y mitos, de Beatles y chansoniers, de pantallas plateadas y de escenarios célebres, el espectáculo tiene a una acompañante brillante en Inés Cabrera.


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