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Alemania intenta otra vez prohibir a los neonazis
El primer paso de un largo camino podría llegar hoy, cuando se reúnen en Berlín los ministros del Interior de los 16 estados federados. En el orden del día figura aprobar la desactivación de los espías infiltrados en las filas del NPD, condición imprescindible para que prospere un nuevo intento.
Los infiltrados fueron precisamente la causa por la que el Tribunal Constitucional tumbó la ilegalización del partido de extrema derecha en 2003, ya que no quedaba claro qué pruebas estaban influenciadas por los espías al servicio del Estado.
Los llamados «V-Leute» no son espías profesionales de los servicios secretos sino miembros del partido que pasan información al Estado. Son en total unas 130 personas.
Ha habido casos en que los informantes engañan a los servicios de inteligencia y usan el dinero del contribuyente alemán para perpetrar actos criminales en lugar de ayudar a impedirlos.
Así ocurrió con la célula neonazi descubierta en noviembre y acusada de haber matado durante años sin despertar la menor sospecha en las fuerzas de seguridad. El caso desató un escándalo en Alemania y reabrió el debate sobre la ilegalización del NPD.
El más famoso «agente doble» fue Adolf Hitler, que en 1919 en Múnich debía pasar información a las fuerzas de seguridad sobre la escena política del momento. Pero pronto se convirtió en un disidente. El resto de la historia es bien conocido.
Más allá de lo que suceda con los infiltrados, los políticos tienen dudas sobre si se podrán superar todas las barreras para la ilegalización del NPD, que cuenta con 5.900 miembros y con representación en los parlamentos regionales de Sajonia y Mecklemburgo-Antepomerania.
El ministro del Interior del Gobierno federal, Hans-Peter Friedrich, es escéptico en cuanto a las posibilidades de éxito y habla de «grandes obstáculos».
«Tomaremos una decisión política basada en un examen jurídico limpio y luego veremos si solicitamos la prohibición o no», afirmó Friedrich, que comparte su cautela con la canciller Angela Merkel.
La solicitud de ilegalización debe estar «muy bien fundamentada», exigió ayer el portavoz del Gobierno, Steffen Seibert, que aseguró que la canciller está convencida de que el NPD es «sin dudas» un partido «xenófobo, antisemita, antidemocrático y enemigo de la Constitución».
Hoy podría decidirse la desactivación de los espías y el 29 de marzo, en la reunión de los primeros ministros de los 16 estados federados, iniciarse el procedimiento.
Comenzaría así una fase de recolección de pruebas contra el NPD, un proceso que podría durar de seis a ocho meses. En total y si se sigue adelante, todo podría prolongarse hasta cinco años.
«El fracaso sería un gran daño, un triunfo del NPD que debemos evitar a toda costa», dice el ministro del Interior, que antes de volver a perder, prefiere no intentarlo.
Según informó la revista Der Spiegel en su última edición, es posible que el Tribunal Constitucional reclame que se revele la identidad de los espías, algo a lo que Friedrich y los servicios secretos se niegan porque podría poner en peligro la vida de los informantes.
El Tribunal Constitucional alemán no es, sin embargo, la última barrera. Muchos temen que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos no apruebe la ilegalización. Por ello, la batería de pruebas debe ser sólida.
Más allá del difícil camino jurídico, hay quien se pregunta si la ilegalización es la solución. «No resolvería el problema», afirmó el experto en extrema derecha Dierk Borstel.
Agencia DPA


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