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Alimentos: ya casi no hay trabas a importación
Un alto dirigente de una de las asociaciones que nuclean a los supermercadistas le dijo a este diario que los productos alimenticios siguen entrando «casi en las mismas cantidades que en 2009». La diferencia a la baja, agrega la fuente, se debe a que alguna cadena recortó sus compras externas en previsión de que sus importaciones terminaran enredándose en la burocracia impuesta por Moreno para demorar su entrada. En sentido inverso, quienes apostaron a seguir importando como siempre no han tenido problemas para reponer las «delicatessen» que ofrecen en sus sucursales «top», como té inglés, fideos italianos, conservas y quesos franceses y «spirits» escoceses.
Una de las excepciones fue el sonado caso de los duraznos griegos. Se trata, de todos modos, de una cantidad ínfima (u$s 2,4 millones) en el comercio exterior argentino, pero igual provocó una catarata desmesurada de reacciones europeas clamando por la liberación de esa partida de melocotones en sirope (como reza la traducción en las latas que los contienen). La última protesta se produjo ayer de boca del comisionado para Asuntos Agropecuarios de la Unión Europea, Dacian Siolos, quien amenazó con provocar el colapso de las negociaciones entre Europa y el Mercosur en caso de que la Argentina mantuviera esa traba.
Sin embargo, el durazno helénico en conserva es -según dijo un empresario importador- «el campeón mundial del dumping». En efecto, ese producto en particular exhibe una larga lista de demandas y reclamos en su contra, de países tan variados como Nueva Zelanda y otros socios de la UE.
El temor que hay entre los supermercadistas e importadores es que el «caso durazno» sea utilizado por quienes no pueden concretar un negocio con la Argentina para justificar esa gestión fallida en las «trabas a la importación».
De acuerdo a las fuentes consultadas, el monto de importaciones de alimentos para este año desde la Unión Europea rondará los u$s 100 millones, contra los casi u$s 1.300 millones que se les exportará. En lo que hace a Brasil, las importaciones rondarán en 2010 los u$s 350 millones, contra exportaciones de u$s 1.500 millones. El total de alimentos importados se acercará a los u$s 800 millones, contra exportaciones de productos alimentarios elaborados (excluyendo soja y derivados, granos, carnes, etc.) trepará a los u$s 9.000 millones.
El secretario Moreno había dispuesto a principios del mes pasado un traba a las importaciones «in voce», que consistió en comunicarse con los principales comercializadores de alimentos para notificarles que de lo que se fabrica en el país no podrían traer más alimentos del exterior. Durante las primeras semanas, y con la intervención del INAL (Instituto Nacional de Alimentos), la medida -que nunca fue convertida en letra escrita- tuvo efectos disuasorios sobre el sector; sin embargo, a medida que la restricción del controvertido funcionario probaba ser nada más que un «consejo», los envíos parados en la Aduana comenzaron a ser admitidos al país.
Las presiones externas, sobre todo por parte del Gobierno brasileño y en menor medida de la UE, tuvieron efecto; los empresarios tomaron rápida nota de la nueva realidad y retomaron sus compras en el exterior al mismo ritmo de años anteriores. Cabe apuntar, además que la presencia de importados en la mesa de los argentinos no llega al 2% del total de los alimentos elaborados que compran los consumidores locales.


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