El diagnóstico cambió por completo de un momento a otro: la presión sobre el dólar y el aumento del riesgo sobre los activos argentinos que habían previsto en los mercados, ante un eventual triunfo de Cristina de Kirchner, parecieron disiparse ayer definitivamente con los resultados electorales de las primarias.
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La provincia de Buenos Aires había acaparado la atención en las mesas y había sido considerada, hasta hoy, como el distrito que determinaría la gobernabilidad hasta 2019: el margen de maniobra que tendría la gestión actual para aplicar sus reformas de fondo y, con esto, hacer más sostenible el crecimiento.
Ayer, la buena performance del oficialismo eliminó buena parte de la incertidumbre y allanó el camino en el trabajo que deberá hacer Federico Sturzenegger. Tanto en el mercado como en el BCRA descuentan que a partir de ahora habrá menores expectativas de devaluación y que, con esto, se reducirán algunos de los costos que hoy debe afrontar el organismo tanto en términos de reservas como en el uso de los instrumentos para contener las presiones inflacionarias.
El argumento que esgrimen en las mesas: con menor presión cambiaria, desaparecerán las necesidades de salir a vender dólares en el mercado y se frenará el goteo de reservas. La tasa de interés de las letras de deuda (Lebac) se volverá algo más atractiva para los inversores, al menos con relación a la devaluación esperada, y la renovación mensual en cada licitación empezará a ser algo más sencilla.
A esto se le suma un detalle no menor: que el Banco Central se haya esforzado en las últimas semanas por extender la duración de su deuda y evitar que creciera desmedidamente el tamaño de sus vencimientos de corto plazo.
En el BCRA consideran que la tasa de interés de la Lebac, si bien se determina en función de la inflación esperada, se verá influida también por un nuevo "círculo virtuoso" que dejará la elección. No hay datos, por ahora, sobre la evolución de los precios en agosto, que deberían digerir el impacto de la reciente suba del dólar. Pero se estima que, hacia adelante, una eventual apreciación cambiaria podría ayudar a Sturzenegger a contener los precios con menor dificultad. Con esto, la tasa de interés real podría volverse más atractiva y ampliarse en términos reales. Y el creciente interés de los inversores por entrar a la Lebac permitiría inferir que el nivel de tasas del Central podría haber alcanzado ya a un techo. Y que habrá espacio, en pocas semanas, para empezar a bajarla por primera vez en el año.
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