11 de agosto 2014 - 00:00

¿Alivio o peligro a largo plazo?

Erbil - Muchos en el norte de Irak respiraron con alivio cuando Estados Unidos empezó a realizar ataques aéreos contra la milicia del Estado Islámico (EI). Y sin embargo, la intervención de Washington podría tener también peligrosos efectos secundarios, advierten los expertos.

Durante dos meses, el EI pareció invencible: tras la conquista de Mosul, la segunda ciudad del país, a mediados de junio, los yihadistas se acercaron peligrosamente a la capital, Bagdad. Sólo dos semanas después proclamaron un califato islámico en todo el territorio que dominan en Siria y en Irak, con su líder Abul Bakr al Bagdadi como califa.

Pero hace una semana llegó el punto de inflexión, paradójicamente provocado por los propios islamistas con su avance en la hasta entonces relativamente segura región autónoma del Kurdistán y la persecución de minorías religiosas como los cristianos y yazidíes. Y el jueves Estados Unidos dijo sí a la petición de ayuda que el Gobierno iraquí ya había hecho oficialmente hacía varias semanas.

Los iraquíes llevaban desde junio pidiendo a Estados Unidos ataques aéreos contra los extremistas radicales, en base a un acuerdo de seguridad entre Bagdad y Washington. Esos ataques presionaron realmente por primera vez a la milicia del EI desde que intensificó su ofensiva.

Los primeros ataques contra posiciones yihadistas se dirigieron a proteger la región autónoma del Kurdistán, especialmente la ciudad de Erbil, en la que también residen muchos diplomáticos y asesores estadounidenses. Después, la aviación llevó a cabo operaciones para proteger a los yazidíes, atacados y refugiados en las montañas de Sinyar, en el norte del país, huyendo de la violencia de los yihadistas.

A raíz de esos ataques también las tropas kurdas (peshmergas) pudieron volver a registrar éxitos en su lucha terrestre contra los combatientes del EI y el Ejército iraquí también intensificó sus ataques aéreos (ver nota aparte).

Sobre todo los kurdos respiran algo aliviados y esperan el retroceso de los extremistas tanto en suelo iraquí como sirio, aprovechando el momento para entrenar y formar a hombres y mujeres jóvenes para la lucha armada.

Sin embargo, la intervención estadounidense también podría tener efectos secundarios de los que ya alertan algunos expertos de los servicios secretos. Así, el diario The Washington Post publicó, citando a fuentes de las unidades de la lucha contra el terrorismo, que combatientes de las organizaciones Al Qaeda en Yemen y en África, enemistados con el EI, habrían comenzado a desertar para unirse a las filas del Estado Islámico.

La confrontación directa de Estados Unidos con el EI podría incluso reforzar a los yihadistas, porque esa lucha aumenta su fama y mejora su imagen, especialmente si logran victorias.

Charles Lister, del centro Brookings Doha en Qatar, comentó en un mensaje en Twitter que a raíz de los ataques estadounidenses el grupo "ha ganado mucha legitimidad".

Quizá por ese motivo el presidente estadounidense, Barack Obama, ya dejó en claro que no se dejará arrastrar a una guerra plena con la milicia terrorista. En su mensaje semanal del sábado subrayó que no volverá a enviar tropas terrestres a Irak. Su argumento: que Washington no puede solucionar la crisis en Irak militarmente. Por eso exigió la formación de un Gobierno en Irak que refleje la pluralidad religiosa y social en el país. Algo en lo que precisamente fracasaron los políticos de Bagdad en las últimas semanas.

Agencia DPA

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