28 de septiembre 2010 - 00:00

AMIA vs. DAIA, un clásico que revive por un rabino

Después de un año de relativa paz, las dos entidades centrales de la comunidad judía volvieron a cruzar espadas: la DAIA salió ayer con los tapones de punta a responderle al polémico rabino Samuel Levin.

El religioso -adscripto a la corriente más ortodoxa del judaísmo-, cuyas enseñanzas inspiran a la dirigencia de la AMIA, dijo la semana pasada que «la comunidad tiene una dirigencia y es el presidente de la AMIA, Guillermo Borger, y el Gran Rabino de la comunidad judía, que es Ben Hamú. A ellos debemos respetar porque son la conducción formal y representativa de la comunidad».

La frase de Levin claramente «ninguneaba» a la DAIA, que ayer le recordó que esa entidad es «la representación política de la comunidad judía argentina» y rechazó de plano sus conceptos.

En un comunicado firmado por su presidente Aldo Donzis, la DAIA agrega que «dichas declaraciones no hacen más que confundir a la comunidad y a la sociedad argentina acerca de quiénes sustentan la representatividad frente al Estado y a las instituciones comunitarias». Y le recuerda que representan políticamente «a más de 140 instituciones, entre ellas la AMIA, cuyas misiones específicas reflejan todas las formas de la judeidad argentina».

Este último round de una pelea que ya lleva más de una década, desde que el empresario turístico Abraham Kaúl -laico, laborista- presidía la AMIA, enfrentamiento que pareció apaciguarse cuando la mutual quedó en manos del sector religioso, se originó una vez más en el viaje de la presidente Cristina de Kirchner a Nueva York para hablar frente a la asamblea de la ONU.

Como se recordará, el año pasado en iguales circunstancias la DAIA eligió no viajar, y la AMIA sí; los dirigentes de la mutual consultaron al rabino Levin qué debían hacer, y el religioso respondió: «Si la Presidente los invita, tienen que ir». Curiosamente, este año la situación fue exactamente la inversa: la DAIA decidió acompañar a Cristina en su periplo estadounidense, y la AMIA no.

La razón de la ausencia de la mutual fue la observancia de la fiesta de Sucót (una de las más importantes del calendario hebreo), que coincidió con las fechas en que se realizó la asamblea. Dado que son laicos, los dirigentes de la DAIA viajaron y después de la asamblea cada uno concurrió a diversas «sucót» (cabañas precarias donde, según los preceptos, hay que comer, estudiar, y hasta dormir durante la semana del festejo).

Los dirigentes de la AMIA volvieron a consultar a Levin, y éste -pese a su irreductible observancia de la Halajá, la ley judía- autorizó el viaje, dándoles instrucciones sobre cómo comportarse y qué hacer durante su estadía .

El viaje de todos modos se frustró porque el Gran Rabino de la Argentina, Shlomo Ben Hamú, se los prohibió expresamente.

El primer chispazo de este nuevo choque se produjo cuando Donzis organizó la delegación que iría a la Casa Rosada para ser recibidos por Cristina, que los saludaría por el Año Nuevo Judío. El dirigente incluyó al rabino ortodoxo Tzví Grunblatt pero también a la rabina Silvia Cheme; dado que los ortodoxos no reconocen la ordenación de rabinas, Borger se excusó de ir a la Rosada justamente por la presencia de Cheme. Curiosamente Grunblatt dijo no tener problemas en estar a su lado.

El año pasado la DAIA no viajó a Nueva York porque el vínculo con el Gobierno pasaba por un mal momento, a raíz de acciones y declaraciones del piquetero paraoficial Luis DElía y el crecimiento del comercio bilateral con Irán.

Dejá tu comentario