5 de marzo 2014 - 00:00

Andrea Stefanoni: “Acaso escribir es vivir dos veces”

Andrea Stefanoni: “Hay escritores que escriben para escritores, y eso no es lo mío. Yo quiero contar una historia y que se entienda. No creo en las novelas escritas en siete años.”
Andrea Stefanoni: “Hay escritores que escriben para escritores, y eso no es lo mío. Yo quiero contar una historia y que se entienda. No creo en las novelas escritas en siete años.”
Dos seres destinados a encontrarse en una España a punto de estallar. Una chica que cuida que los lobos no se coman a sus ovejas, que entre sus amigos están los perros, que a los quince irá al socavón de una mina a arrancar. Y un muchacho que, cuando está por estallar la Guerra Civil, roba armas de los falangistas para defender la República. Y para eso engaña, traiciona. Y luego la huida. La llegada, como tantos otros inmigrantes, a la Argentina, y asentarse y vivir en un terrenito isleño en el Delta del Tigre. Con ese tema, Andrea Stefanoni ha construido la atrapante novela "La abuela civil española", que acaba de publicar Seix Barral. Stefanoni publicó con anterioridad la novela "Tiene que ver con la furia", escrita con Luis Mey. En 2009 fundó el sello Factotum Ediciones, y es gerenta de El Ateneo-Grand Splendid.

Periodista: ¿Por qué una mujer de apellido italiano escribe sobre su abuela española?

Andrea Stefanoni
: Bueno, en este país se usa el apellido paterno. Por el lado de mi padre provengo de familia italiana; pero mi madre, y toda su familia, era española. Es decir que soy de algún modo criolla, soy el producto de esa fusión central de las dos mayores colectividades que inmigraron a la Argentina. Y esa mezcla de italiana y española creo que a veces se me nota en el carácter.

P.: ¿Cómo se le ocurrió contar la historia de la abuela española?

A.S.:
Es que fue mi única abuela porque a la otra no la conocí, no vino a la Argentina. Cómo se me ocurrió, no lo sé. Apareció en un pasaje de mi novela anterior, "Tiene que ver con la furia", que escribí a cuatro manos con Luis Mey. Creo que inconscientemente me estaba reclamando que contara su historia. Consuelo es alguien muy importante en mi vida, que me enseñó muchas cosas, con quien viví los mejores años en la isla del Tigre que cuento en la novela. A mí no me gusta la palabra homenaje, pero "La abuela civil española" es algo parecido a eso.

P.: ¿Qué buscó contar?

A.S.:
La historia de una niña, huérfana de madre, con una madrastra durísima, que casi no fue a la escuela, que desde chica trabajó de pastora en el campo y a los quince años entró en una mina de carbón, haciendo una labor que enferma. Y un día se enamoró de Rogelio y tuvo una hija. Y deben escapar de una guerra dentro de otra guerra. Franco ya se ha adueñado de España. Pero hay una oscura traición familiar de la que deben huir. No se hubieran podido quedar nunca después de lo que hizo Rogelio, porque tarde o temprano alguien lo iba a capturar. Y vienen a un país y a una ciudad de la que nunca habían escuchado hablar. Y cuando descubre una isla en el Tigre se sienten lejos de la atemorizante y extraña gran ciudad. La isla es lo más parecido a aquel pueblo de donde partieron. Ahí tuvieron que rehacerse y salir adelante con nada.

P.: ¿Cuánto tiene de real esa historia?

A.S.:
Todo, absolutamente. Y tanto que el personaje de la novela y mi abuela tienen el mismo nombre, Consuelo. Y me abuelo se llamaba Rogelio. Si es una novela es porque las cosas que ellos me contaron la reescribí para que alcanzara la realidad de la literatura, en éste caso parece ficción pero es real.

P.: ¿Necesitó documentarse, dado que una buena parte de la historia transcurre en Baeza, España y entre la Guerra Civil y la inmediata posguerra?

A.S.:
No, no tuve que investigar. Es más, hice todo lo contrario. Decidí basarme sólo en la memoria de mi abuela, porque mi abuelo ya murió. La idea era no investigar nada. Está lo que mi abuela me contó, en realidad, mi abuela habla cuando quiere, no es una persona a la que se le pueda sacar demasiada información bajo presión. Con mi abuelo hablamos durante muchos años, escribíamos una especie de memoria. Pero las anotaciones estaban en mi cabeza, no necesité ir a los papeles.

P.: ¿Su abuelo le contó cómo robó las armas , cómo traicionó a un amigo para ir a defender a la Republica, los enfrentamientos, cómo fue capturado por las tropas de Franco y puesto frente a pelotones de fusilamiento, que son partes intensas en su libro?

A.S.:
Todo eso que fue verdad, está reconstruido y escrito a mi manera. Onetti decía que escribir es mentir bien la verdad. Tampoco tendría sentido decir qué fue verdad y qué no, pero las cosas importantes de la novela fueron como se las cuenta.

P.: Sobre la Guerra Civil Española hay mucho escrito, con obras sobresalientes como por ejemplo la de Javier Cercas, pero acaso no había las que la contaran desde Buenos Aires.

A.S.:
Es un poco como lo que ocurre con los libros sobre la última dictadura militar entre nosotros, se escribió y se sigue escribiendo. En España lo más reciente son las novelas de Almudena Grandes sobre la Guerra Civil. Yo no suelo leer sobre eso. Lo mío es una visión desde quienes cruzaron el océano. Y no escribí pensando en una novela histórica sino como una historia de familia, que cuento como a mí me la contaron. Y me conmovió contar el nacimiento de mi madre, sobre todo porque ella no está viva. La relación con mis perros. En la novela cuento cómo mi perro Capi me enseñó a nadar. Y luego esa chica que había vivido feliz en ese lugar vio cómo todo se desarma, y lo que se creyó para siempre se va deshaciendo de un modo horrible. Mis abuelos que era ya isleños tuvieron que abandonar la isla, y para mí eso fue muy doloroso. Me conmovió, me emocionó contar esas cosas acaso porque escribir es vivir dos veces.

P.: ¿Empezó haciéndose un plan, construyendo la estructura del relato, situando los momentos de aparición de los personajes, el suspenso casi de thriller de la persecución del protagonista?

A.S.:
No planeé nada. Escribir fue como viajar y llegar a un lugar que no existía y que hay que descubrir paso a paso. Entonces, no se puede planear nada. Sabía que quería contar de mi abuela, pero no pensé que mi hermano iba a tener un rol importante. Incluso no había pensado desarrollar la historia de mi abuelo, que en la novela es importantísima. Pero sin el pasado maquis de mi abuelo no hubiera sido mi abuela. De pronto hay personajes que crecen, ocupan y dominan la escena de forma insospechada, es la magia de la literatura. Eso que hace que a quien no haya tenido una abuela como la mía se sienta atravesado por la historia, y no le importa entonces si es verdadera o falsa, porque tiene la verdad de la literatura. Es hasta gracioso, muchos me preguntan por los nombres de los personajes. Les parecen buscados, elegidos porque son muchas veces como emblemas de la persona, y en otros como un oximorón en otras. El más hijo de puta de todos se llama Ángel. Esperanza es lo que no se podía tener con esa mujer. Y mi abuela Consuelo. No podía encontrar nombres mejores. Esos nombres los hizo la vida y me los facilitó. En cuanto a lo que tiene de thriller, de la persecución, lo peor es que cuando termina en el espacio real, continúa en la cabeza del perseguido. Mira hacia atrás y no hay nadie, pero sin embargo de algún modo sigue por allí. Ya no hay guerra, Franco murió, pero sigue asomándose al pensamiento.

P.: ¿Pensó que su novela podía volverse una película?

A.S.:
Siempre. Alguien dijo que leer tiene que ser lo más parecido a mirar. Y me encantó. Habla de claridad y sencillez. Leer algo y sentir que se está en el lugar del que se habla. Espero que el lector pueda imaginarse una película al ir leyendo "La abuela civil española".

P.: ¿Cuáles considera sus influencias literarias?

A.S.:
Lo que más leo es poesía. Me gusta la poesía española de Ángel González, Antonio Gamoneda, Cristina Peri Rossi. Me gustan, en otro orden, Boris Vian, Leonard Cohen (soy fanática, me fui a Francia a verlo tocar). Y busco. Me doy cuenta en el segundo renglón si me va a gustar o no. Y en novela mi mayor influencia fue la de la escritora húngara Agota Kristof, con "Claus y Lucas" que incluye la trilogía "El gran cuaderno", "La prueba" y "La tercera mentira". Esa novela me cambió la forma de ver la literatura, con frases cortas como disparos, y la sencillez ante todo. Creo que ella me enseñó lo poco que sé. Hay que ir a textos sencillos sin dar tantas vueltas. Hay escritores que escriben para escritores, y eso no es lo mío. Yo quiero contar una historia y que se entienda. No creo en las novelas escritas en siete años. Yo por suerte no estudié Letras (si querés seguir amando la literatura no estudies Letras) y creo que todo tiene que ver con el trabajo, con la disciplina de querer contar algo interesante.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

A.S.:
Una novela que transcurre en una inmobiliaria de un barrio judío como Villa Crespo. Ocurren muchas historias con gente que acompaña a los departamentos y casas que ella va mostrando, y con los dueños de la inmobiliaria. Tiene mucho del género novela familiar, que me gusta mucho. Por ahora se llama "Bienes raíces".

Entrevista de Máximo Soto

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