7 de agosto 2018 - 23:54

Aportes y subordinados infieles: el juego para frenar la investigación

• HASTA EL PRIMO DEL PRESIDENTE ARGUMENTA HABER FINANCIADO A LOS KIRCHNER
Peligrosa estrategia para zafar de condenas mayores también apunta a bajar la responsabilidad de Cristina de Kirchner. Pactos con historia.

Aportes y subordinados infieles: el juego para frenar la investigación
Nadie en su sano juicio puede pensar que una red de recaudación como la que relata Oscar Centeno en sus cuadernos tenga como único fin organizar la recaudación de fondos ilegales en las empresas para financiar gastos de campaña.

El despliegue uniforme que hicieron los empresarios que declararon ayer ante el juez Claudio Bonadio confirma esa certeza. Sin divisiones, desde Ángelo Calcaterra (primo de Mauricio Macri que ayer se presentó sin haber sido citado para declarar como imputado) hasta Juan Carlos de Goycoechea (ex de la ahora emblemática Isolux -Corsan) recurrieron al mismo argumento: los fondos que aparecen en los cuadernos estaban destinados a aportes de campaña y fueron exigidos (a la fuerza) por el Gobierno como condición para continuar recibiendo el beneficio de la concesión de obra pública. Palabras más o menos, es lo que vienen declarando los empresarios desde que estalló la causa. De hecho, De Goycoechea inició su primera declaración en ese sentido y luego Bonadio le aclaró que si continuaba en ese camino, sería difícil que se homologara su condición de arrepentido colaborador.

Un párrafo aparte merece el chiste que quedó ayer flotando tras la declaración de Calcaterra: el primo infiel de Macri anuncia, para zafar de responsabilidades, que financió la campaña de los Kirchner cuando competían con su familiar más cercano.

La victimización de los empresarios tiene varios sentidos y todos ellos apuntan a que la causa cambie de destino. El financiamiento de campañas con aportes ilegítimos tiene una pena máxima que es la mitad (3 años) de la que correspondería al pago de sobornos en perjuicio del Estado. Evitar la cárcel, entonces, es uno de los primeros objetivos. Otros son derivar la mirada de los delitos varios que se cometieron al direccionar la obra pública durante el Gobierno de los Kirchner y de la fijación de sobreprecios y evitar también cualquier efecto que pudiera tener en el futuro una ley de extinción de dominio. Si no hay fondos robados al Estado, no hay nada para devolver.

Los argumentos de los empresarios no sólo les vienen a medida a ellos, sino también a la política. Si el pornográfico raid de bolsos con dólares (siempre dólares, nunca pesos, otra ironía en un Gobierno que puso el cepo) hubiera sido sólo para financiar campañas, la obscenidad de corrupción que se vivió durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner quedaría casi igualada a un reto de la Justicia electoral por no presentar las cuentas de campaña en orden.

Sin duda, esta sería la calificación que Cristina pediría inmediatamente para estos hechos y que la dejaría afuera de todo el escándalo.

Hay otro aspecto de esta tragedia nacional que involucra a todos, aún está por verse cuál será el verdadero impacto final de este escándalo también en la imagen del Presidente, que ponen nuevamente en evidencia la avaricia política que caracterizó siempre al kirchnerismo.

Uno de sus soldados más notorios, Jorge Capitanich, ensayó ayer otra defensa increíble de Cristina de Kirchner. Ante lo inevitable de la evidencia, habló de "funcionarios infieles"que manejaron esta red de corrupción por debajo del control de la presidenta.

Si esto fuera así habrá que pensar ya que el gobierno de Cristina de Kirchner no solo fue malo por sus consecuencias en materia económica y de corrupción, sino que es un milagro que no hubieran ocurrido desastres mayores, con una presidente que, ahora se quiere describir, como que nunca estuvo al tanto de nada de lo que sucedía en su administración. La historia demuestra que la afirmación de Capitanich es solo un chiste de mal gusto.

No es nuevo este manejo de los Kirchner: desde su paso por el gobierno de Santa Cruz han sido famosos por no jugarse por algún subordinado en problemas, salvo que las esquirlas del conflicto pudieran impactar en el matrimonio. Increíblemente, 12 años después el kirchnerismo sigue usando armas como la cobardía que, debe reconocerse, lo alejan hasta de las prácticas habituales del peronismo clásico.

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