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Arrebato de Chávez enciende alarma en judíos venezolanos
En efecto, en la convocatoria a una marcha de solidaridad con el pueblo palestino, se lee «Condenemos y denunciemos los crímenes contra vidas inocentes cometidos por las fuerzas sionistas, que intentan una limpieza étnica en contra del pueblo palestino. Exijamos a las organizaciones internacionales sancionar a los criminales genocidas del pueblo que dio origen a la Navidad y a la Pascua». Está claro que la convocatoria se refiere a los judíos como el «pueblo deicida», un argumento para el odio racial que el papa Juan Pablo II dejó de lado hace casi una década, pero que recurrentemente reaparece.
En diálogo con este diario, Abraham Levi, presidente de la CAIV (Confederación de Asociaciones Israelitas de Venezuela) admitió estar «extremadamente preocupado», no sólo por la expulsión del embajador Sholmo Cohen sino también por las expresiones antijudías que se escuchan por estos días en los medios controlados por el Estado. «Por ahora, no se han producido ataques directos a nuestra comunidad, pero ya hay expresiones exaltadas y manifestaciones callejeras que, con el pretexto de expresar su simpatía con el pueblo palestino, han entonado cánticos antijudíos. Desde ya, la expulsión del embajador Cohen es muy dolorosa para nosotros: el Estado de Israel está íntimamente vinculado a la vida de los judíos de todo el mundo, es obra del pueblo judío y el corte de relaciones dispuesto por el Gobierno de nuestra patria Venezuela nos duele y nos preocupa», dijo el dirigente.
En este punto es necesario recordar que los roces entre el régimen chavista y los judíos venezolanos viene de lejos; los íntimos vínculos de Chávez con el presidente iraní Mahmud Ahmadineyad parecieran obligar al bolivariano a sobreactuar su rechazo a Israel y, por extensión, a sus connacionales judíos. Fuerzas de seguridad de Venezuela allanaron dos veces en el último lustro la sede de la comunidad judía -en la que funcionan un club, una escuela, un centro asistencial, etcétera- con la excusa de estar buscando un arsenal (que obviamente no existía).
El tenso vínculo entre Chávez y la comunidad judía hizo que los Kirchner intentaran zanjar las diferencias: primero con una reunión en Buenos Aires entre el bolivariano y dirigentes del Congreso Judío Mundial; más tarde, propiciando el viaje a Caracas de Ronald Lauder, titular de ese organismo. En la segunda reunión -que compartieron dirigentes argentinos y hasta el empresario Eduardo Elsztain-, Chávez prometió nombrar un embajador ante Israel y firmar una declaración en contra del antisemitismo (y contra cualquier otra forma de racismo).
Sólo cumplió con la segunda de las promesas. La primera, en cambio, quedó bien lejos tras el cierre de la representación diplomática en Caracas del Estado judío. Chávez había decidido aguardar la asunción de Barack Obama, y la posibilidad de que este cambio de guardia en la Casa Blanca implicara un nuevo comienzo, para enviar embajadores a EE.UU., a Colombia y a Israel (en ese orden), tres países con los que está enfrentado desde hace años.
Anoche se esperaba que Lauder emitiera un comunicado en el que básicamente se le pedirá a Chávez que recuerde sus promesas, que cesen los ataques (por ahora sólo verbales) contra la comunidad judía venezolana y que revierta la expulsión del embajador israelí, dado que esa medida «imposibilita el necesario diálogo para llegar a un entendimiento entre ambos países». No parece probable, al menos por ahora, que el bolivariano cambie de posición.
Sin embargo, es justo apuntar que Chávez no está solo en esto de fijar posición contra Israel y llenar al Estado judío de epítetos: el PT (Partido de los Trabajadores) del presidente Lula da Silva también calificó -con poca originalidad, es cierto- a Israel de «nazi», «Estado genocida» y de buscar una «limpieza étnica comparable con el Holocausto». A nivel local, las acciones de Chávez parecen tener un eco inmediato en los hechos y el discurso del piquetero paraoficial Luis D'Elía. A nivel de cancillerías, Bolivia, Nicaragua, Ecuador y Cuba también marcharon al ritmo que marca Caracas, en tanto la Argentina, Brasil y otras naciones eligieron atacar a Israel pero desde una postura más moderada.


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