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ArtBasel: juguetería de lujo para grandes, y si son más ricos, mejor
ArtBasel 2014, de la vanguardia a la frivolidad. Hasta sus pasillos son un ejercicio de narcisismo tan fascinante como contagioso del que es difícil salir indemne.
Es el momento en que en plena feria ArtBasel, sólo se habla de cómo se las ingeniaron para llegar y estacionar. Tema si bien pedestre, fundamental, que incluye invocaciones y milagros varios. La pesadilla del tránsito ocupa el primer tramo de toda conversación cuando no los precios desmesurados en referencia a ArtBasel y las ferias satélites que ocupan cada predio disponible.
La semana de arte bajo el ala de la omnipotente Mutti suiza es un carnaval con obligado sabor agridulce y, como dardos, los refranes vienen como anillo al dedo. Nunca mejor cabida para "A rio revuelto ganancia de pescadores", "No se le pueden pedir peras al olmo" o "No todo lo que brilla es oro", apenas tres para recordar y aplicar a cada instante porque ArtBasel son varios mundos, de hecho, dos. Un microcosmos espejo de la actualidad. Jugueterías de lujo para grandes cuanto más ricos, mejor donde el juguete mas deseado es un perrazo de Koons. Supermercados colosales que convencen de la inversión más segura y en consecuencia, hay que salir mostrando el carrito lleno. Y una patética pirámide de castas que desnuda lo poco que hemos avanzado como especie, la condición humana pescada in fraganti y no por eso menos feliz.
Y como, hoy por hoy todos son artistas, hasta el zoológico humano que atesta sus pasillos refleja lo que cada uno se cree o pretende ser. Es un ejercicio de narcisismo tan fascinante como contagioso del que es difícil salir indemne. Cualquier crítica objetiva, ácida, feroz o constructiva se ve con recelo, con el olor del enemigo acérrimo, viéndose reducida al mandatorio parte de prensa adornado como artículo exitista que moldea, define y apunta a sus víctimas. El publicista reemplaza al crítico, Instagram y Facebook gobiernan, dejan huellas en una arena virtual. En la metrópoli Miami Beach-Miami, ArtBasel (e hijas) encontraron la horma de su zapato, está diseñada para un tipo de fauna que llegó a conquistarla y donde tantos se ilusionan cada año ante la llegada de los príncipes azules que los redimirán de su estado cenicienta. La movida se llama Baseling - en criollo, Baseleando - después de trece ediciones consecutivas, y cada vez más exitosa no deja de hartar, incluso aburrir, sin contar con su desfile de quienes quieren ver todo y al final de saturados no ven nada. No es novedad que hay público que sólo va a ArtBasel, otro prefiere sólo Art Miami. Lo cierto es que en la feria de vanidades ninguno quiere o se atreve a bajar del caballo. Y en esa vorágine agotadora, Marina Abramovic propone moverse en una cámara tan lenta que el movimiento sea imperceptible. La paradoja de detenerse, mirar y ver. Es la única receta para evaluar una alerta sabia tan necesitada hasta para comprar una obra de arte aunque la consigna sea, señoras y señores pasen, vean y compren.
¿Y el arte? Bien gracias, o no tanto. En este contexto Art Basel se yergue soberana madre severa, millonaria, calculadora y sanitizada de la rancia Mittel-Europa. Es un monumental bloque de alto nivel para alto nivel adquisitvo. El mascarón de proa lo integran las grandes galerías tradicionales que continuan brindando tesoros vedados al que no viaja. Y eso ya es un raro privilegio, aunque este año se vean obras repetidas en las clásicas Landau, Acqua-vella, Gmurzynska, Hirsch and Adler, Gagosian, Thomas de Munich, Mary Anne Martin, Sur de Montevideo, ArtBasel 2014, de la vanguardia a la frivolidad. Hasta sus pasillos son un ejercicio de narcisismo tan fascinante como contagioso del que es difícil salir indemne.
Malborough y otras que ga-darantizan calidad.
Juda muestra una individual de David Hockney fresco y encantador; aquí y allá memorables Anselm Kiefer, Milton Ivory y un gabinete de Robert Wilson con Lady Gaga en movimiento amén de un Baryshnikov penitente como San Sebastián flechado. Los artistas exhibidos son miles, por eso resulta bienvenida la nueva sección Survey con visiones mas homogéneas donde sobresale Michelle Stuart y sus grafitos. Y en este renglón, imposible no mencionar al excepcional Robert Longo con trabajos estremecedores de impactante actualidad y ejecución ni la instalación Small Rain de Urs Fischer, significativa lluvia de paltas con ansias de letales meteoritos.
Las otras 23 ferias son definitivamente mas desparejas. Algunas ya conocidas por su bajo nivel no merecen visitarse, otras continúan levantándolo. Art Miami es la principal rival de la suiza y la opción mas accesible aunque en la presente edición, su selección y disposición, abigarramiento de obras aca-baron por deslucirla.
Más allá de obra importante - dos mínimos Gerhard Richter, joyitas solitarias - y galerías como Durban Segnini, Leon Tovar o Wetterling, siempre impecables, este año sumó Art Context, una propuesta interesante bien ejecutada y con excelentes perspectivas de crecimiento así como la mas pequeña PINTA que marcó la necesitada presencia latinoamericana, importante aporte de los cinéticos mas allá de alguna desprolijidad organizativa. Calle de por medio la amplitud bienvenide Miami Project. En resumen y en ambas márgenes, Miami y Miami Beach, las instalaciones y el arte conceptual pierden presencia, lo digital asciende, el kitsch y la figuración muy presentes y lo geométrico sea cinético o pop y puramente decorativo está vivito y coleando, asi como el dibujo, la gráfica y la fotografía cuyo impacto es destacable. En ultima instancia, ArtBasel e hijas no deja de ser un agotador ejercicio a la caza del tesoro oculto. Agotador y con suerte, exitoso.
¿Y los artistas? Ladrillos de una casa cuyo techo puede volarse con el próximo huracán, miran, curiosean, toman nota, intentan, algunos participan. Los locales tratan de insertarse en una corriente que los llevará lejos al imaginado paraíso, otros mas modestos se conforman o hacen la vista gorda, duele menos porque el cuento de la lechera y el cántaro merodea.
En un polémico artículo, The New York Times hacía un balance poco favorable al reducido impacto artístico que ha tenido en la ciudad el advenimiento de ArtBasel, una docena de años que si bien no ha florecido como se esperaba atrajo una moda de colecciones privadas que disfrazadas de museos crean un polo de atracción. Amén del ejemplar edificio del flamante PAMM, 300,000 visitantes en su primer año
No es descabellado imaginar una sucesión de pequeños museos privados en el Bulevard Biscayne, engalanando una avenida hasta hace poco famosa por motivos no precisamente artísticos. Así el Design District combinará bien á la Miami museos con Fendi, Dior y Louis Vuitton mientras en la otra orilla amenaza el Alan Faena y su propio Art District.
Los zares del dinero arriban imponiendo sus designios, erigiéndose en benefactores no sin obvios beneficios, las torres de apartamentos se elevan en una ciudad que carece de la infraestructura necesaria y no sabe lo que le espera, todo vale gracias a la inyección anestesiante del glamour combinado con turismo a mansalva. Y a Miami no deja de encantarle, como le encantan los graffitis pintados en Wynwood por ejércitos que hasta último momento pintarrajean un barrio feo de por sí hasta que duelen los ojos de indigestión visual. Tampoco importa, pronto la picota dará cuenta del trabajo minucioso de estos improvisados Michelangelos.
En definitiva, el humor negro alumbra facetas en esta suerte de risueña diatriba anual y mas allá de adelantos y retrocesos, el balance es positivo para la otrora abuelita durmiente junto al mar. Enhorabuena, la ciudad le toma el gusto al viento artístico, algunas semillas germinan; por diversión o moda, se acude a ver de que se trata y eso vale. Poco a poco se aleja el mote despectivo de Miami ciudad de marmol (mar+mall) para cambiar a mar-mall-art, no será ideal pero, es un paso adelante. En todo caso y para terminar con los refranes del título; si No hay mal que por bien no venga, sería hora que lo bueno si breve dos veces bueno permitiera imaginar un ArtBasel celebrándose como bienal. La ciudad podría prepararse tanto mejor y la expectativa le ganaría a la rutina. Ya se sabe, a las palabras se las lleva el viento.


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