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Asad no saca el dedo del gatillo
Bashar al Asad
Cada vez más aislado en el plano internacional, el Gobierno de Damasco había anunciado en la víspera elecciones legislativas «libres y transparentes» antes de fin de año. Mientras Washington, Berlín y París estudiaban nuevas medidas contra Damasco, la Liga Arabe pidió, en su primer pronunciamiento, el fin del «derramamiento de sangre».
Según el jefe de la Liga Siria de Derechos Humanos, Abdel Karim Rihaui, al menos 54 civiles murieron el domingo en Siria durante operaciones militares, 42 de ellos en la ciudad de Deir Ezzor (este), tomada por asalto por el Ejército.
Unos 25 tanques y otros vehículos de transporte militar llegaron por la mañana a Hula, donde llevan a cabo operaciones militares, según Rihaui.
Al Asad afirmó ayer que el Estado tiene «la obligación» de actuar «contra los que están fuera de la ley» a los que acusa de «aterrorizar a la población».
Siria «avanza a paso firme en la vía de las reformas», afirmó Al Asad durante una entrevista con el ministro de Relaciones Exteriores libanés, Adnan Mansur.


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