Asumió nueva UIA: no atacó a gobierno, seducción a Moyano

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Hugo Moyano y José Ignacio de Mendiguren, flamante presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), se confundieron en un abrazo. Ámbito Financiero pregunta al jefe de la CGT: «¿Esto es la vuelta del Pacto Social?». El camionero mira, hosco, y responde: «Sí, el pato, el pato de la boda». Moyano finalmente admite: «Sí, vamos a volver a hablar de eso».

El camionero fue la presencia sorpresa en la ceremonia en la que asumieron ayer las nuevas autoridades de la central fabril: De Mendiguren había sugerido durante su discurso inaugural la vuelta a la vida de un ámbito de negociación que en realidad nunca nació; el sindicalista no pareció demasiado dispuesto a hacerle respiración boca a boca.

De Mendiguren había dicho: «Hoy más que nunca debemos concertar con los sectores del trabajo pautas distributivas que compatibilicen la inversión con la distribución». Esto, para Moyano, es el «pato de la boda».

La UIA evitó cursar invitaciones a miembros del Gobierno. Las razones de esta decisión son obvias: el conflicto que mantiene el Gobierno con el grupo Techint, uno de los más influyentes en la UIA.

De Mendiguren eligió un tono sumamente cauto para su alocución porque -según explicó- trató de evitar una confrontación «de entrada». El dirigente formará parte de la delegación argentina que viajará mañana a Roma para la beatificación de Juan Pablo II. No por coincidencia, el padre Carlos Caputo eligió un pasaje de ese papa en el que elogiaba el rol de los empresarios, como texto central de su bendición a los nuevos dirigentes.

Después De Mendiguren leyó un discurso en el que en 32 minutos mencionó 24 veces la palabra «desarrollo», como para que no quedaran dudas de su ideología.

Lo escuchaban -además de Moyano- Jorge Brito (ADEBA), Jaime Campos (AEA), Carlos de la Vega (Cámara de Comercio), Eduardo Buzzi (Federación Agraria) y Marcelo Fielder (director ejecutivo de la Sociedad Rural).

Los ausentes fueron Adelmo Gabbi (Bolsa porteña) y Carlos Wagner (Cámara de la Construcción), compañeros de la UIA en el llamado Grupo de los Seis. Tampoco estuvo Luis Betnaza, uno de los hombres más cercanos a Paolo Rocca, pero los numerosos ejecutivos del grupo Techint enviados por Rocca a la asunción de De Mendiguren (Guillermo Noriega de Tenaris, Martín Berardi de Siderar, David Uriburu) se encargaron de explicar que el nombrado vice 2° de la UIA «debió viajar al exterior» (algunos aseguraban que se había desplazado a Venezuela para terminar de negociar las últimas cuotas que debe el régimen chavista por la expropiación de Sidor).

El nuevo presidente se cuidó como en misa de molestar al Gobierno. De hecho, en la versión impresa de su discurso decía «darles certidumbre y competitividad a nuestras inversiones». Sobre la marcha, el dirigente improvisó «seguir dándoles certidumbre...».

Dijo también que «el Estado no debe estar ni ausente ni omnipresente» en su relación con los privados, y que un proyecto nacional «no se concibe sin grandes empresas que sean acompañadas por un entramado dinámico de pymes».

Les rindió homenaje a figuras históricas de la industria argentina como «Roberto Rocca, Vasalli, Di Tella». El directivo cerró su alocución con un llamado a «enamorarse, tutearse con el desarrollo», tras lo cual prometió que «la UIA no está aquí para confrontar, sino para construir. El enemigo de la UIA es el subdesarrollo».

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