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“Asumir un papel de bel canto es una sana locura”
Florencia Fabris debuta como Norma: «En otros papeles las agallas o el temperamento pueden ayudar a camuflar, pero en el bel canto hay que mirarse al espejo».
Periodista: ¿Qué fue lo primero que vino a su mente cuando le ofrecieron este papel?
Florencia Fabris: Responsabilidad y desafío. Lejos de asustarme me pareció una locura sana, porque el bel canto siempre tiene algo de salud vocal, y lo pone a uno frente a los defectos y superarlos para salir adelante. En otros papeles las agallas o el temperamento pueden ayudar a camuflar, en el bel canto hay que mirarse al espejo e intentar resolver las cosas, y en ese sentido lo vi como una buena oportunidad. Sabía que si lo podía resolver iba a marcar un antes y un después para mí, así que estoy agradecida. La responsabilidad también pasaba por el hecho de que para mí algunos de los hitos del canto se han dado en este papel.
P.: ¿En el aspecto teatral, se siente más cómoda en papeles dramáticos?
F.F.: Me encantan los cómicos o más livianos, pero siempre encaré dramáticos o serios por las características de mi voz. Cada ópera implica un desafío particular, y hasta que uno se hace un repertorio de emociones lleva tiempo, es más costoso porque a veces son dos funciones de cada ópera, y nunca se llega a desarrollar todo desde el punto de vista vocal y teatral.
P.: ¿Qué características tiene esta puesta?
F.F.: No es muy tradicional, no hay druidas ni romanos, es más una fábula entre una civilización ligada a la naturaleza que está muriendo, es algo atemporal. El personaje de Norma tiene algo de este pueblo que está muriendo y a la vez la culpa de estar enamorada del enemigo. La propuesta visual es muy interesante. Las obras de arte terminan de existir con la mirada del que las ve, y en la interpretación operística pasa lo mismo, de manera que en el estreno se verá el verdadero fruto de este trabajo. El teatro es una de las pocas cosas de hoy en día en las que no hay tiempo de rehacer ni de retocar, pero tiene la belleza de una perfección inexistente. Y en el escenario hay que asumir ese riesgo.
P.: Usted se formó en Italia y comenzó allá su carrera. ¿Percibe diferencias importantes entre la forma de trabajo italiana y la argentina en el campo de la ópera?
F.F.: A grandes rasgos el modo de trabajo es bastante parecido, y lo que sí hay en Italia es la posibilidad de ver el valor absoluto del canto: uno se puede colocar en punto de evolución como cantante en un valor absoluto. Hay gente que canta muy bien, de todas partes del mundo. Hay muchos colegas que hacen el camino inverso al que hice yo: se forman acá y allá toman contacto con este valor absoluto y les cae un balde de agua fría. Es una escala totalmente diferente, que ayuda mucho porque marca un camino de adónde quiere ir uno.
Entrevista de Margarita Pollini


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