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Atrapante mezcla de thriller y drama
François Cluzet convence con la variedad de emociones por las que pasa un hombre común enfrentado a situaciones extraordinarias en el notable thriller francés «No se lo digas a nadie».
Por alguna razón, incomprensible como siempre, esta notable mezcla de thriller durísimo y drama bien llevado se estrena en la Argentina con cuatro años de atraso y habiendo pasado, incluso, por algún canal de cable. En cualquier caso, demos gracias que se estrena porque es un film muy recomendable.
Después de ocho años del brutal asesinato de su mujer en un lago -asesinato que se describe en el prólogo-, el todavía inconsolable viudo Alexandre Beck (François Cluzet) recibe varias noticias fuertes al mismo tiempo. La más impresionante le llega a través de su correo electrónico: un video que muestra a la muerta perfectamente viva, viene acompañado de un textito que dice, «No se lo digas a nadie; están vigilando». Otra noticia, no menos inquietante, es que la aparición de dos cadáveres cerca del lago aquel provoca no sólo que la policía reabra el caso nunca bien aclarado de su esposa, sino que las sospechas de ése y otros crímenes recaigan sobre él.
Llevado más que nada por la esperanza de reencontrarse con su amada, Beck se transforma en un detective, amateur por supuesto, lo que lo hace cometer unos cuantos errores, seguido de cerca por la policía y por una banda de gente realmente siniestra tan interesada como él en conocer el paradero de la supuesta asesinada. Imposible contar las vueltas del guión de Canet en colaboración con Harlan Coben, el autor de la novela en que se basa, así que sólo diremos que atrapa de principio a fin. Mérito de un director que intercala con mano experta la acción (entre otras cosas, hay una persecución por una autopista con espectacular choque múltiple incluido, sin «efectos especiales» visibles, que bien quisiera lograr Hollywood alguna vez) y las emociones del protagonista, que son muchas y variadas, como corresponde a un hombre común enfrentado a situaciones extraordinarias. El mérito a este respecto es compartido por Cluzet, premiado con un Cesar (el Oscar francés) por este trabajo.
En general, el elenco es impecable. A saber: Kristin Scott Thomas como la atípica cuñada de Beck, Natalie Baye como una abogada más zorra que los zorros policiales, judiciales y políticos, Jean Rochefort en breve pero contundente papel, André Dussollier como curtido ex policía y padre dispuesto a todo para defender a la familia, como queda claro en el inesperado desenlace, etcétera. Curiosamente el joven director Canet es el que convence menos en su pequeña aparición. Ese y otros detallecitos un tanto forzados o inverosímiles del argumento no le restan interés a una película con muchos ingredientes «de actualidad», que atraerá por igual a los amantes del thriller y a quienes gustan de esas historias de amores que permanecen inalterables contra viento y marea.


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