Aun con nuevas obras, si diluvia, la Ciudad colapsará

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Al sumergirse en la profundidad del túnel y descubrir el arroyo, cuesta creer que con sus aguas calmas que apenas superan la altura de los tobillos, en sólo segundos puede convertirse en un verdadero peligro, saliéndose de su cauce producto de una fuerte lluvia, provocando inundaciones, anegamientos en las calles y grandes dolores de cabeza en los porteños.

Los últimos diluvios que azotaron a la Ciudad causaron inundaciones y cientos de destrozos, colocando otra vez en el centro de la polémica al arroyo Maldonado. Con una construcción de más de 80 años, está preparado para soportar lluvias de hasta 25 mm por hora. Pero con las nuevas obras este límite alcanzará los 55 mm, lo que, según reconocieron desde el Ministerio de Medio Ambiente y Espacio Público, no evitaría las inundaciones que causan los fuertes temporales como los ocurridos las últimas semanas, en los que cayeron más de 80 mm en sólo una hora.

El arroyo Maldonado nace en las inmediaciones de la estación San Justo en el partido de La Matanza. Con una longitud de 20 km, sigue gran parte de su curso bajo la avenida Juan B. Justo y recorre los barrios de Versailles, Liniers, Villa Luro, Vélez Sarsfield, Floresta, Villa Santa Rita, Villa Mitre, Caballito, Villa Crespo y Palermo.

En la oscuridad del túnel, con cuatro metros de altura y un techo serrucho, se vislumbran cientos de cucarachas que alumbradas por la luz de la linterna corren en busca de un refugio oscuro. En las aguas del arroyo, entre algunos restos de basura, que entran por las alcantarillas de la calle, se observan algunos peces y hasta sapos, toda una fauna subterránea que, según resaltan desde el ministerio, es un factor que indica que el agua está limpia. «Las cucarachas buscan ambientes oscuros, húmedos y carga orgánica, lo que muestra que hay una buena calidad del aire», explicó el ingeniero hidráulico Jorge Zalabeite, subsecretario de Uso de Espacio Público, que acompañó ayer a la prensa en un recorrido por el túnel del Maldonado.

El Gobierno de la Ciudad apuesta fuertemente a nuevas obras hidráulicas. Se están construyendo dos túneles aliviadores, el primero de ellos en Juan B. Justo y Niceto Vega, con una longitud de 4,5 km, y el segundo en Juan B. Justo y Cuenca, de 9,8 km. La finalización de la primera de las obras está pautada para 2011, y la de la segunda, para 2012. Gracias a estas obras, la tolerancia hidráulica pasaría de 25 mm por hora a 55 mm. Éste sería un gran alivio para los vecinos porteños, pero no una solución. Está claro que con el calentamiento global, el clima es cada vez más impredecible. Así, tormentas como las registradas la semana pasada se convierten en moneda corriente. «Con lluvias que alcancen los 60 mm por hora, el sistema ya estaría colapsado», explicó Zalabeite.

Durante el recorrido por el canal, los ojos pronto se acostumbran a la oscuridad del lugar, la humedad del ambiente y el fuerte olor a cloaca dificulta la respiración. El ruido del agua que cae por las alcantarillas simula el de una cascada si se cierran los ojos, pero el paisaje está lejos de ser placentero. En este escenario, el ministro de Ambiente y Espacio Público, Diego Santilli, remarcó el mantenimiento y la limpieza que mensualmente se hacen en el arroyo. «Después del temporal se limpiaron todos los sumideros», sostuvo Santilli. Además, según explicaron desde el ministerio, cuando el Servicio Meteorológico anuncia alerta, las compañías recolectoras de residuos realizan recorridos adicionales por las principales arterias y las zonas críticas, recogiendo residuos que puedan encontrarse en el camino para disminuir el riesgo de anegamientos, un trabajo que los vecinos esperan se refleje para las próximas lluvias.

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