23 de mayo 2012 - 00:00

Avance que preocupa

Desde hace tiempo la Argentina se convirtió en un país que forma parte de la denominada ruta de la droga. La presencia de narcotraficantes colombianos y sicarios va en alza, y se refleja en los crímenes y en las reiteradas capturas de bandas que distribuyen droga cruzando las fronteras. El intento de atentado desactivado ayer suma una nueva variante de cuestiones internas de ese país que repercuten en la Argentina.

La ola de crímenes comenzó en 2008 y parece aún no tener una fecha límite. En marzo de ese año dos hombres fueron encontrados descuartizados en un auto en el partido bonaerense de La Matanza. Se trataba de dos colombianos vinculados al narcotráfico. Pero la noticia adquirió aún más gravedad sólo dos meses después, ese mismo año, cuando dos motos ingresaron al garaje del shopping Unicenter y fueron acribillados dos hombres, también colombianos.

La principal hipótesis del caso de Jorge Alexander Quinteros y Héctor Duque estuvo vinculada a un ajuste de cuentas entre carteles de droga colombianos que actúan en el país, por lo cual los primeros pasos apuntaron a rastrear otros antecedentes en los que intervinieron personas de esa nacionalidad. Allí también se relacionó el crimen de La Matanza con este último, que aún no se ha podido resolver; pasaron los años y la causa quedó en el olvido.

El 13 de agosto de ese mismo año, los cuerpos baleados de Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina aparecieron a la vera de una ruta en General Rodríguez. El triple crimen de argentinos vinculados a la efedrina, al tráfico de medicamentos y de drogas, otra vez involucró a colombianos.

La lista sigue creciendo. Hace sólo meses, un exsicario colombiano identificado como Jairo «Mojarro» Saldarriaga fue acribillado en pleno barrio de Recoleta y ante la mirada de cientos de personas. De acuerdo con la investigación, se trató de un asesinato ordenado por el principal narco colombiano de la actualidad y exjefe de la víctima, Daniel «el Loco» Barrera, en venganza porque Saldarriaga le entregó a la Policía un cargamento de 500 kilos de cocaína.

El crimen de Recoleta ocurrió apenas dos semanas después de la operación denominada Luis XV, en la que se desarticuló una banda de narcos que intentaba traficar droga oculta en el interior de muebles antiguos. La mitad de los detenidos era de nacionalidad colombiana.

Todo parece darle la razón al jefe policial antinarcóticos de Colombia, Luis Alberto Pérez Albarán, quien hace unos meses en una entrevista sentenció: «El narcotraficante colombiano se siente seguro en la Argentina porque es un lugar neutral, un refugio donde poder escapar». «Suponen que no van a tener mayores contratiempos. Buscan un lugar donde pueden estar tranquilos e incluso desarrollar actividades lícitas».

Dejá tu comentario