Una comedia australiana, presuntamente para chicos, se exhibió con la presencia de su autor en una jornada nocturna del festival de la costa.
Parker. El director (der.) también es "fabricante profesional de avioncitos de papel" en Australia.
Enviado especial a Pinamar - La felicidad también mata. En esta edición de Pantalla Pinamar hay unos cuantos dramas fuertes, de esos que alteran los nervios o estrujan el corazón. Por eso fue especialmente bien recibida la comedia australiana "Aviones de papel", sencilla, agradable, de linda música, donde un niño logra participar en el Campeonato Mundial de Aviones de Papel que se celebra anualmente en Japón. Si, una película para niños, el lunes en horario nocturno. Para presentarla vino un muchacho llamado Dylan Parker, autor de la idea original y, aunque parezca mentira, fabricante profesional de aviones de papel.
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"Nunca vi una película para niños festejada por tanta gente adulta", comentaba ayer Parker. Su destino es bastante curioso: "A los 21 años estaba en la puerta de la Universidad para entrar a clase cuando leí el aviso de un concurso de aviones de papel. Entré al concurso, pasé al regional de Sidney, quedé representante australiano para el Mundial, pero justo me descubrieron un tumor cerebral del tamaño de una pelota de golf. Hacer avioncitos me ayudó a pasar la internación. Y al otro año fui al Mundial, un encuentro organizado con toda seriedad, donde participan 85 países, y salí tercero.
"Al regreso, me recibieron como a un héroe. Las escuelas me pidieron que fuera a dar charlas y demostraciones. Fui a más de 200. Ahí prendió la idea de incorporar esta actividad como parte del plan escolar. Volver legal y didáctica una diversión tradicional de los chicos. Me la enseñó mi abuelo cuando era chico, mientras me contaba lo que hacía a mi edad, y lo que no podía hacer.
"Luego se me ocurrió la idea de un documental. De ahí, con el director Robert Connelly, pasamos a una comedia. No hay mucho cine australiano para niños. Surgieron sponsors, gente entusiasmada (imaginen gente tirando 4.000 avioncitos un fin de semana), y la película resultó inmensamente popular. Y, para sorpresa de mi padre, ahora soy fabricante profesional de distintos modelos de aviones de papel, ya viajé invitado a 15 países, y me siento muy honrado con esta oportunidad de hacer algo inofensivo, que no daña a nadie, une a la gente, y suaviza la angustia por tantos problemas que tenemos".
Esa noche, al final de la proyección, mucha gente grande se tiraba avioncitos en la sala, y le pedía autógrafos a Parker. Él no lo supo, y no es necesario que lo sepa: de pronto un hombre, con un avioncito en la mano, murió del corazón. No había visto un drama, sino una película para niños. Pero seguramente vio también un montón de recuerdos de su infancia.
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