30 de septiembre 2009 - 00:00

Babel Orkesta: de banda subte a grupo estable

La Babel Orkesta, que triunfa en el Konex, reúne músicos, actores, bailarines y un artista plástico.
La Babel Orkesta, que triunfa en el Konex, reúne músicos, actores, bailarines y un artista plástico.
Sonidos kletzmer, jasídicos o balcánicos, ejecutados por cinco músicos a los que se suman tres actores y un bailarín, un mago y un artista plástico. El resultado es «Babel Orkesta», con integrantes provenientes de ámbitos bien diversos, desde el acordeonista que toca hace una década en el Subte B, César Pavón, hasta uno de los integrantes de la Mississippi Blues Band, Zeta Yeyati.

La agrupación surgió con la intención de generar una fiesta volcánica en cada show, y tocó en lugares tan dispares como teatros, clubes deportivos, un barco rumbo a Montevideo y hasta una carnicería en la «gira trueque». En cada lugar los recompensaban con algo, desde transporte hasta carne. Ahora se presentan desde la semana pasada con su nuevo espectáculo «Kermesse Babel» en el Centro Cultural Konex.

Conversamos con su creador, Yeyati, y con el acordeonista del subte, Pavón. Completan el elenco, en permanente estado de transformación, Laura Alonso (actriz), Diego Brizuela (actor), Pablo Maitia (músico), Ana Granato (actriz) Santiago Castellani (músico) y Miguel Rausch (músico).

P.: «Babel» tiene poco más de dos años y considerable repercusión, ¿cómo surgió?

Zeta Yeyati:
Nació el 25 mayo de 2007, luego de que me pidieran un grupo musical para festejar el 80° aniversario del Club Colegiales. Quería algo bien popular y la idea del nombre fue justamente el argumento para mezclar todas las culturas. Nuestro lenguaje siempre fue múltiple y no sólo musicalmente, por eso en este show habrá además de músicos, actores y bailarines, una muestra de plástica y un mago que entrenó a los actores.

P.: Es decir que apuntan más a la sorpresa sobre el escenario, sin limitarse sólo a tocar o actuar...

Z.Y.:
La idea es que se vea un espectáculo y aparezcan sorpresas, a la vez que estamos buscando un lenguaje nuevo, que no tenga un borde. Yo toco hace 20 años en la Mississippi y la estoy dejando para quedarme con Babel. Siento que la «Mississippi» cumplió un ciclo y ahora me inclino por eso que genera Babel con la gente.

P.: ¿Quién compone la música?

Z.Y.:
Muchos temas son clásicos y otras son composiciones de gente cercana o integrantes del grupo. La idea es componer de manera tal que parezcan clásicos, pero que sean de nuestro equipo. Pablo Maitía compone y otro del que tomamos temas es el amigo Mincho Garramone.

P.: ¿Cómo se fue conformando el grupo?

Z.Y.:
Pablo Maitía era compañero mío del secundario y siempre intercambiábamos música. Es más, bastante de lo que hacemos hoy ya lo hacíamos hace 20 años, así que el proceso fue bien lento. Miguel Rauch trabaja con Alejandro Tantanián, con lo que no es un percusionista común, hace percusión también con el cuerpo. Y Santiago Castelani apareció porque me enteré que Botafogo le había traído una tuba, y como no son muchos los que tienen ese instrumento, y menos los que saben tocarlo, lo llamé. El estaba dejando «Dancing mood» y se sumó.

P.: ¿Y el caso de Cesar Pavón, el acordeonista del subte?

Z.Y.:
Él me había invitado a tocar con su grupo «Vagón de tango», y yo siempre le insistía en que tenía que armar un repertorio de Feliciano Brunelli. Finalmente lo convoqué y la fábrica de acordeones ahora está chocha con nosotros, es como si fueran nuestros fans. Ellos tienen el Museo del acordéon, y ahora también tocamos ahí. A César lo convocaron ahora para que haga de coach de Facundo Arana, pues en una película el galán interpretará a un chico que tocaba el acordeón en subte, como César.

P.: Pavón, ¿por qué no nos cuenta su experiencia de una década tocando en los vagones del subte B?

César Pavón:
Todavía sigo yendo al subte. Me dejó muchas experiencias, la de grupos que se disolvieron porque cada uno siguió su camino o se terminó de hundir, la de conocer a mucha gente anónima o también famosa, y gracias a eso me hice medianamente conocido. Cuando me ven en Babel me dicen Ah, sos el del subte, te felicito por tocar de forma profesional. Hoy, gracias al subte, toco como toco. Por ahí pasa toda clase de publico, está el que me conoce, el que nunca me vio, el que no tiene onda y no le gusta verme por más que toque bien. Está el que se levanta y te dice que lo hiciste recordar a su abuelo y baja llorando, o el que está leyendo y me dice Pibe andate a otro lado. El subte tiene eso, el que siempre te deja en la gorra, el que no te registra, el que me aconseja que deje la calle y toque en una banda, y cuando se enteran se alegran, o te dejan tildado como el músico de la calle.

P.: ¿Cómo comenzó a tocar el acordeón?

C.P.:
Con mi abuelo y mi papá, ambos músicos, con quienes di los primeras pasos a los 9 años. Cuando llegué de Laguna Gaiba, Santa Fe, busqué estudiar otro estilo, evolucionar, y al primero que conocí fue a Zeta, en La Catedral (conocido local de tango). Estaba por tocar él solo y me dijo que subiera, aunque yo tocara el acordeón y él el saxo. Les expliqué que yo hacía música del litoral o chamamé, pero pese a todo tocamos juntos y de ahí en más nos encontramos cada tanto a tocar. Yo armé mi banda, «Un vagón de tango», grabé música de Piazzolla, y pasamos así una década hasta que surgió Babel.

P.: ¿Cómo toman el incipiente éxito?

C.P.:
Me siento exitoso pero no porque crea que éxito es tener plata o estar en todos lados. Sé que estoy tocando bien y la banda está bien armada.

P.: ¿Cómo es el público del Konex a diferencia de otros públicos, el del subte o el del barco rumbo a Montevideo, donde también tocaron para amenizar el viaje?

Z.Y.:
Después de vernos, la gente sale en un estado diferente, le damos una pincelada de color a su estado de ánimo. O al menos esa es mi fantasía. Pero también nos suele pasar que tocamos en la carnicería o en el mercado.

P.: ¿Tocar en la carnicería?

Z.Y.: Sí, uno de nuestros amigos, el Mincho, venía de Brasil y quería tocar. Pero como no hay muchos lugares porque siempre te piden plata, hicimos ciclos en lugares alternativos tipo clubes, siempre tratando de revivir la fiesta popular. Pero esa vez lo único que pude conseguir fue un restaurant, un quiosco, una pileta y también la carnicería. El Mincho lo llamaba la «gira trueque».

P.: Trueque porque en cada lugar les recompensaban con algo?

Z.Y.: Claro, sobre todo en la carnicería, donde empezamos a tocar y el dueño nos preparó una bolsa de carne de recompensa. Nos fuimos a hacer un asado. Creáse o no, estaba más nervioso por tocar en esa clase de lugares que cuando actué en el Pepsi Music. Será porque uno no sabe si alguien lo escuchará.

Entrevista de Carolina Liponetzky

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