El camino sencillo es pensar que la victoria socialista en Francia será la principal causa de cualquier baja que tengamos. Algo más sofisticado es incluir o incluso poner en el primer puesto el resultado de las elecciones de Grecia, y decir que ha sido todo fruto de una corriente popular que hace que los incumbentes/oficialistas pierdan el poder, sean del signo que sean. Para los que se atrevan a mirar más allá de los titulares, la preocupación es otra: el avance de las extremas derechas que apuntan a dejar de ser partidos marginales si la economía europea no es capaz de ponerse en pie durante los próximos 4 años. Pero 4 años es una eternidad en los tiempos que corren, así que nada de esto explica el 1,27% que perdió el Dow la jornada del viernes, cuando cerró en 13.038,27 puntos, haciendo que lo cedido en la semana trepara al 1,47% (el NASDAQ cedió un 3,68% y el S&P500, un 2,44%, lo que sugiere que tuvimos un desarme de las posiciones más riesgosas en las últimas tres ruedas; en este sentido también apuntan el 6,14% que se derrumbó el precio del petróleo frente al 1,16% que bajó el del oro). Podemos argumentar que los desilusionantes datos del frente laboral fueron lo que disparó el malhumor de los inversores y tal vez así sea. Pero no deja de ser llamativo que el foco de la atención inversora se corriera tan fácilmente de los estados contables (un 70% de los balances ingresados ha mostrado ganancias mayores que las esperadas). Con algo de suerte, esta semana podremos entrever qué está pasando.
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