26 de febrero 2009 - 00:00

Balance de verano: ganaron los que fueron a Punta del Este

La inflación en dólares en la Argentina tuvo un efecto inesperado: Punta del Este resultó «barata» para los turistas argentinos que pasaron allí sus vacaciones. Desde los restoranes hasta los cafés, pasando por los cines y las frutas y verduras estuvieron en esta temporada a precios similares o a lo sumo levemente superiores a los que se pagan en Buenos Aires, y definitivamente muy por debajo de lo que se cobraba en la costa argentina.
En febrero fue posible alquilar una casa de cuatro dormitorios (tres en suite) en el exclusivo barrio de San Rafael, con parque y quincho cubierto para 20 personas, por menos de u$s 90 diarios. Si se optaba por un departamento sobre la playa (no de los «top», sino las unidades de 20 años de antigüedad), ese valor -por dos dormitorios, dos baños y balcón terraza- no pasaba de los u$s 110 diarios. El precio incluía el servicio de mucama, servicio de playa (sillas y sombrilla colocadas por el personal del edificio), piscina, gimnasio, salón de juegos y -en el caso del edificio Parquemar Center, en la Parada 1 de la Brava- Wi-Fi gratis y dos computadoras a disposición de los ocupantes del departamento. Si la unidad estaba sobre la avenida Roosevelt o en la península (o sea, lejos de las playas), el valor descendía al menos un 15%. Esa diferencia de precio también se obtenía de los locadores si el turista llegaba dos o tres días después del cambio de quincena.
Quienes pasaron sus vacaciones en las playas argentinas saben bien que no pagaron mucho menos que esos precios: un apart hotel (con comodidades mucho más modestas que las descriptas) en Costa del Este o Mar de las Pampas, por caso, no bajaba de $ 3.200 la semana.
Otros ejemplos 
  • Comer pizza y empanadas en Pizza Cero, en La Barra, más gaseosas, no superaba los $ 35 (argentinos, claro) por cabeza; 

  • la entrada al cine rondaba los $ 23; un combo en una de las dos grandes cadenas de comida rápida costaba n$u 155, o sea, algo menos de $ 25, un par de pesos argentinos más que en Buenos Aires; la diferencia entre el kilo de helado de Freddo en Punta del Este y Buenos Aires también era de $ 2; 

  • un café en Il Grecco, en King Sao (dos «clásicos» de la Punta) o en View Point (mucho más nuevo y moderno) estaba a $ 9, o sea, el mismo precio que cobran muchos cafés porteños y hasta en algunos patios de comidas de shopping centers; 

  • una gaseosa en la playa costaba -según el lugar- entre $ 5 y $ 8 argentinos; un choclo o un helado lo mismo; una botella de agua mineral de medio litro, en cualquier quiosco, $ 3. 

  • comer en el restorán Manjares del hotel Conrad costaba u$s 35. El precio incluía canilla libre de manjares árabes (fríos y calientes), una cascada de chocolate líquido para hundir allí frutas y tortas, postres como «mammule» o «baclawa» más bebidas sin alcohol y hasta un show de músicos y odaliscas; 

  • al principio de la temporada, el litro de nafta costaba un 20% más que en la Argentina, pero durante febrero se produjeron dos rebajas que totalizaron cerca de un 11%, porque el Gobierno uruguayo acomodó el precio de los combustibles al valor del barril de petróleo; 

  • llenar un carrito en alguna de las tres cadenas de supermercados que están en Punta del Este no costaba mucho más que hacer lo propio en Buenos Aires; en cambio, si había tiempo o ganas de aventurarse a la vecina Maldonado y hacer allí las compras, los precios eran decididamente inferiores a los del área metropolitana porteña.

  • Desde ya, había valores mucho más elevados: comer en La Huella, Taiana, La Bourgogne o Don Polidoro (por citar sólo a algunos) podía rondar los u$s 100 a 200 por cubierto, pero el resto de los establecimientos gastronómicos estaba a precios más que razonables.
    Cabe apuntar que los alquileres en febrero tradicionalmente se ubican entre un 25% y un 40% por debajo de los de enero, pero los precios de los restoranes, supermercados, cafés y otros rubros no suelen modificarse de un mes a otro.
    Punta del Este, además, tiene una característica que puede ser una gran ventaja o una enorme desventaja, según sea quién lo mire: salvo contadísimas excepciones, sus balnearios no tienen carpas, el acceso a la arena es libre y es costumbre de los veraneantes cambiar de playa todos los días, y hasta dos veces en el mismo día. Obviamente, a la vacación en Punta del Este entonces debe descontársele el costo extra de una carpa, que en casos como Cariló o Pinamar llegó a cotizarse hasta $ 150 diarios.

  • Quizás por esta suma de factores, y a pesar del prolongado corte del puente en Gualeguaychú, este año Punta del Este estuvo casi a full. De hecho, el Conrad llegó a tener días de un 100% de ocupación, una cifra con la que sueña cualquier hotelero del planeta. Los edificios frente a la playa, con servicios (pileta, gimnasio, etc.) también estaban a full, y además hay cerca de 30 torres en construcción, la mayor parte con el aporte de capitales y compradores argentinos.

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