24 de julio 2009 - 00:00

Bancos celebran ganancias, pero no los consumidores

Chicago - Los bancos continúan dándose atracones con el banquete del rescate financiero mientras a los consumidores sólo les arrojan las migajas. El resultado más irritante del colapso financiero del año pasado es que los préstamos son más difíciles de obtener y más caros, incluso si uno tiene buen crédito. Aún así, en Wall Street parece que han vuelto los buenos tiempos.

A pocos sorprenderá que los mayores bancos del país están volviendo a sus viejos hábitos previos a la crisis, aun en medio de un rescate financiero de u$s 23,7 billones, el mayor de la historia. Los bancos basados en la negociación bursátil y los modelos de negocios de alto apalancamiento todavía representan un riesgo enorme para el sistema financiero, tanto que el Gobierno de Estados Unidos consagró como política propia la doctrina de «demasiado grande como para quebrar». ¿No habremos aprendido nada del año pasado?

Si bien las ganancias de contratación bursátil y de banca de inversión de Goldman Sachs y JP Morgan Chase se dispararon en el segundo trimestre, la actitud de Washington hacia la supervisión de los métodos de las casas de Bolsa es todavía una teoría débil y no puesta en práctica.

La segunda crisis bancaria se desarrolla con el descubrimiento que «las prácticas bancarias temerarias» se tradujeron en la pérdida de u$s 65 billones de patrimonio global desde setiembre de 2007, dice Nomi Prins, ex directora gerente de Goldman Sachs, quien está por publicar un libro sobre la crisis financiera titulado «It Takes A Pillage» (Hace falta el pillaje). Esta crisis continuará dañando a las economías occidentales por años, si no decenios.

Crecimiento

Prins, quien otrora negociaba obligaciones garantizadas con un fondo de deuda (CDO, por su sigla en inglés), las cuales con frecuencia se usaban para armar paquetes de hipotecas tóxicas, subraya que los mayores bancos de hecho crecieron durante esta crisis: Bank of America tomó el control de Merrill Lynch; JP Morgan asumió el de Bear Stearns y Wells Fargo adquirió Wachovia.

Pero la situación no es mejor para los consumidores. Según Prins, estas instituciones tienen «menos incentivos (porque tienen más cuota de mercado) para ofrecer tasas más altas a los ahorristas, o condiciones de crédito más fáciles a los consumidores, o para instituir una política de reestructuración hipotecaria, o incluso reducir las comisiones sobre las cuentas corrientes: simplemente no tienen por qué hacerlo, y hacerlo no era una condición para el dinero de rescate» que el Gobierno les suministró.

Nada cambió en los meses recientes, excepto que a los contribuyentes los están tratando cada vez más como si estuvieran desamparados y mendigando dinero. El Congreso aún tiene que juntar coraje para hacer obligatorias unas menores tasas de financiación y las modificaciones de préstamos para la vivienda a fin de impedir las ejecuciones hipotecarias. Los bancos están recibiendo más dinero, aún cuando no hacen una amplia oferta de crédito, lo cual prolonga la recesión.

Al tiempo que dos tercios de todos los bancos asegurados por el Gobierno informaron de un crecimiento de activos en el primer trimestre, los préstamos totales cayeron en alrededor de u$s 160.000 millones, el 2,1%, de acuerdo con datos de la Corporación Federal de Seguro de Depósitos.

De los bancos que recibieron dinero de rescate del Programa de Ayuda por Activos Problemáticos (TARP, por su sigla en inglés) del Gobierno, solamente 29 de los 103 encuestados dijeron que prestaron fondos «para hipotecas residenciales». Un informe del 21 de julio del inspector general especial del TARP destacó que 17 de 61 bancos encuestados declararon que hacían «otros tipos de préstamos al consumidor» y solamente nueve de 34 bancos realizaban modificaciones de préstamos hipotecarios.

Racionamiento de préstamos

Los bancos brillan por su ausencia en el frente de las ejecuciones hipotecarias. Sólo se están modificando un puñado de hipotecas de quienes enfrentan la posibilidad de caer en el impago debido a tasas ajustables más altas o la pérdida del empleo. Un estudio reciente de la Reserva Federal de Boston reveló que solamente el 3% de los «préstamos con morosidad grave» se habían rebajado en los bancos examinados.

Entretanto, el crédito de toda clase se ha restringido. Las hipotecas son difíciles de obtener, incluso para quienes tienen las mayores calificaciones crediticias, y los bancos están reduciendo los límites de las tarjetas de crédito, lo cual puede menoscabar la capacidad de uno de tomar prestado si sus puntuaciones crediticias caen.

Aun cuando el costo de los fondos para los bancos se ha mantenido cerca de mínimos históricos desde el final del año pasado, las tasas anuales de financiación de las tarjetas de crédito subieron de un promedio del 12% al 13% entre noviembre y febrero, según el panel de supervisión del Congreso. Más aún, las comisiones de las tarjetas de crédito y las cuentas bancarias no harán sino continuar aumentando según los bancos traten de resarcirse de sus pérdidas y pasar el riesgo de ellos a usted mediante aborrecibles comisiones por sobregiro, mayores tasas de financiación y menores límites de crédito.

Quizás el mejor tratamiento para la cultura de la avaricia de los megabancos sea que dejemos de facilitar su adicción. Puede que lo más aconsejable sea limitar el uso de las tarjetas de crédito, hacer depósitos asegurados en cajas de ahorros locales y bancos regionales y recurrir a fuentes alternativas de préstamos tales como las cooperativas de crédito y la propia familia. Evite los servicios basados en comisiones por medio de bancos, aseguradoras y corredores. Un banco grande de nombre reconocido puede representar la vieja manera de hacer negocios. Y ésa ha sido una de las formas más seguras de separarlo a usted de su dinero.

Agencia Reuters

Dejá tu comentario